miércoles 10 de febrero de 2010

El poder de la canción, Nayla Funes

EL PODER DE LA CANCIÓN

- Podés sentarte en la cama, mirar el póster de Massacre hasta cansarte. Yo, mientras pongo un tema que nos guste. – le dijo.
Aquí la miseria empieza a sonar y el artista a llorar porque su canción está siendo escuchada la noche más atroz, menos imaginada; porque que, una amante loca quiera estirarte de un soplo, modelarte al ritmo de su agitación, con ganas ahorcarte, ahogarte con dulzura retorciéndote el cuello bajo la pileta, girando sus manos una a favor y la otra en contra de las agujas del tiempo y que estas se te claven en la garganta confundiéndose- ¡sí, sí!- con sus uñas previamente afiladas, es cosas común. Pero, que escuchando un tema cuya letra dice: “¿qué sería de los Clash sin Buenos Aires donde nacías vos? “ El Amado”, se tire hacia atrás confiando en que el somier lo sostendrá. “la Amante” lo mire y le pregunte:
- ¿Estás cómodo?
- Es raro, nunca dormí en la arena.- responde.
Anonadada, esta mujer, mira hacia el frente. Una ola gigante se les avecina y mueren. ¡Eso no! Eso no es justo.

NAYLA FUNES

martes 9 de febrero de 2010

Witold Gombrowicz y Victoria Ocampo, Juan Carlos Gómez (Gombrowiczidas)

WITOLD GOMBROWICZ Y VICTORIA OCAMPO, JUAN CARLOS GÓMEZ (GOMBROWICZIDAS) Yo, de igual modo que Gombrowicz, corrí algunas aventuras con Victoria Ocampo, aunque en mi caso más bien habría que decir que las corrí con su Fundación.
Después de haber confundido el año del centenario de Silvina Ocampo con el año del centenario de Gombrowicz, la Hierática (Mercedes Güiraldes; editora de Emecé ) quedó muy apenada por esta ignorancia y se puso a mi disposición: –¿Por qué no le ofrecés “Gombrowicz, y todo lo demás” a María Esther Vázquez, la de la Fundación Victoria Ocampo?; –¿Te parece?; –Sí, le gustaba Gombrowicz. Y bueno, qué le hace una mancha más al tigre, pensé yo. Cuando hablé con la Abeja Reina (María Esther Vázquez) me dijo que a ella nunca le había gustado Gombrowicz pero que tenía interés en leer mi libro.
La Abeja Reina (María Esther Vázquez; editora de la Fundación Victoria Ocampo) me atendió con una gran cordialidad, sin embargo, al poco tiempo descubrí cómo yo, casi sin darme cuenta, empezaba a ocuparme más de lo que la Abeja Reina (María Esther Vázquez; editora de la Fundación Victoria Ocampo) hacía con sus cosas que de lo que ella hacía con mi libro.

Cuando me contó que la Fundación Victoria Ocampo estaba poniendo en “El Coliseo” una ópera que hacía doscientos años había bajado del escenario y que le habían hecho un reportaje en “Nova” me di cuenta que no podía hablar con ella de “Gombrowicz, y todo lo demás” porque no lo había leído.
Y aquí me apareció con una claridad meridiana una forma adicional del rechazo que utilizan los Protoseres (Editores), a las cuatro formas que ya tenía contabilizadas, una forma con una estructura similar a la idea de la contratransferencia tan popular en el psicoanálisis. En efecto, empecé a tener reacciones inconscientes frente a la Abeja Reina que me hacían sentir culpable de no conocer sus asuntos con la debida extensión y profundidad y, en el límite, de no editar yo mismo sus propios libros.
Es una modalidad muy usada por el Perverso que provoca con sus transferencias este tipo de reacciones. Llegado a este punto decidí alejarme de la Abeja Reina pues no dispongo de las técnicas para llevar adelante una relación de esta clase.
Cuando ya pensaba en dirigirme a otro Protoser (Editor) con el libro bajo el brazo ocurrió algo inesperado, la Abeja Reina (María Esther Vázquez; editora de la Fundación Victoria Ocampo) me comunicó que había leído el libro, que le había resultado interesante y que lo iba a incluir en la selección de libros publicables en el programa del año próximo. En este trajín interminable que tengo con los editores identifiqué cinco procedimientos con los que le han cortado el paso a “Gombrowicz, y todo lo demás” lo que me ha permitido desarrollar una tipología de estos Protoseres ( Editores) que no admite otras variantes; eso pensaba yo, la Abeja Reina (María Esther Vázquez; editora de la Fundación Victoria Ocampo) me demostró lo contrario.
La primera distancia que tuve que salvar fue la de la lectura, pero cuando ella terminó de leer el libro ya no estaba en el punto de partida, se hallaba ocupada en la puesta de una ópera que hacía doscientos años no subía a escena. Recorrí la segunda distancia para alcanzar el punto del fin de la ópera y tampoco la encontré en esta segunda posición, se aproximaban las fiestas de fin de año y ya despuntaba el verano.
Recorrí la tercera distancia para llegar al punto en el que las vacaciones llegaban a su fin y otra vez no la encontré, la Abeja Reina (María Esther Vázquez; editora de la Fundación Victoria Ocampo) estaba preparando el tercer volumen de Victoria Ocampo y la Feria del Libro.
Entonces caí en ese estado hipomaniacal en el que frecuentemente caen los genios y en medio de destellos brillantes que me venían de la inteligencia descubrí que estaba en presencia de una modalidad de la paradoja de Aquiles y la Tortuga y que no iba a alcanzar nunca a la Abeja Reina ( María Esther Vázquez; editora de la Fundación Victoria Ocampo); había algo ella que me lo había estado diciendo desde el principio.
Las aventuras que corrió Gombrowicz con Victoria Ocampo no fueron con la Fundación como lo fueron las mías, pero también fueron mucho más crueles.
La elite de la literatura mundial cada año es más numerosa, la técnica de imitar la superioridad está muy avanzada. La grandeza es, hasta cierto punto, una cuestión instrumental, un escritor inteligente de segunda clase sabe qué es lo que debe reformar de sí mismo para acceder a la primera clase. Debe ser más sensual que espiritual, debe ser también indeterminado, natural y brutal. El verdadero genio comienza imitando la genialidad, y la genialidad imitada le penetra en la sangre y se convierte en su propia carne.
“Hubo una época en la vida de Europa en que se podía invitar a un desayuno a Nietzsche, Rimbaud, Dostoievski, Tolstoi, Ibsen... hombres sin parecido entre sí, como si procedieran de planetas distintos (...)”
“Pero ¿qué desayuno no saltaría en pedazos con semejante compañía? Hoy se podría organizar sin miedo un banquete general para toda la elite europea y este enorme banquete se desarrollaría sin chirridos y sin chispas (...)”
“Madariaga, Silone, Weidlé, Dos Passos, Spencer, Butor, Robbe-Grillet..., todos ellos han venido a Buenos Aires invitados por el Pen Club local”
A pesar de que Gombrowicz ya había sido reconocido por París, por Roma, por Berlín y por Londres, que fue durante mucho tiempo el exclusivo cuadrilátero de la cultura universal, un cuadrilátero que empezaba a considerarlo como uno de los fenómenos más singulares e importantes de la literatura moderna, el Pen Club local no lo invitó al congreso de literatura que se celebró en Buenos Aires en el año 1961.
El vestíbulo del hotel estaba lleno de los peces gordos de la literatura internacional y de fotógrafos. Gombrowicz miraba con una mirada de excluido y de quien es tenido como poca cosa. Roma. París. Nueva York.
La hiena del periodismo se estaba preparando para atrapar a esa literatura, presa fácil, vulnerable como un corderito.
Puestos así, uno al lado del otro, a Gombrowicz se le ocurre que no hay nada que descalifique más a un artista que otro artista.
Se es artista para el que no es artista, para el que no es suficientemente artista, se es artista para el lector. Cuando un artista se encuentra con otro artista, ambos se convierten en colegas de profesión, en miembros del Pen Club.
Gombrowicz era un solitario orgulloso, enterrado vivo desde hacía veintitrés años en la Argentina, pero en medio de esa constelación de sillones del hotel experimentaba cierta admiración pequeño burguesa y deseaba ser admitido en esa sociedad a la cual él pertenecía.
El Asiriobabilónico Metafísico (Jorge Luis Borges) tampoco había participado del congreso del Pen Club, pero por razones diferentes. Se había subido a un avión con su madre y estaba viajando a Europa en busca del Nobel.
“No es otra la razón por la que ese hombre de más de sesenta años y casi ciego, y su anciana madre, que cuenta ni más ni menos que con ochenta y siete años, decidieron volar en un avión de reacción (...)”
“Madrid, París, Ginebra, Londres: conferencias, banquetes, fiestas, para despertar el interés de la prensa y para poner en marcha todos los mecanismos. El resto, supongo, es cosa de Victoria Ocampo (‘he puesto más millones en la literatura que los que Bernard Shaw sacó de ella’)”
Los fotógrafos sacaban fotos y los periodistas hacían preguntas. El periodista sabía de antemano que tendría que hacer una papilla periodística con todas esas ideas de altos vuelos para que se pudiera publicar al día siguiente, y el entrevistado también sabía que su pensamiento acabaría convirtiéndose en un galimatías trivial en la cabeza del reportero.
. A pesar del paulatino e irresistible ascenso de Gombrowicz en Europa Victoria Ocampo nunca se mostró sensible a la seducción que producía su inteligencia.
Hasta el mismísimo Jacques Lacan había despertado la admiración de nuestra Victoria Ocampo en los viajes que hacía a París entre las dos guerras mundiales, aunque nadie puede asegurar que haya ido más allá de un apasionado flirteo, a pesar del gusto que tenía esa dama tan elegante por ir a la cama con personajes destacados.
Manuel Gálvez y Arturo Capdevilla le habían brindado a Gombrowicz una exquisita hospitalidad en los primeros meses de su llegada a la Argentina, pero la sordera de Gálvez y la falta de seriedad de Gombrowicz lo pusieron finalmente en las manos de unas jóvenes estudiantes que lo iniciaron el mundo del flirteo argentino. En esta prehistoria de sus aventuras en la Argentina el grupo de Victoria Ocampo brillaba como una estrella.
“Antes de cruzar las espadas con la Suma Sacerdotisa del culto inmaduro de la Madurez, Victoria Ocampo, que nos sea permitido tributarle un cortés saludo. Victoria Ocampo es inteligente y tiene personalidad. ¡Viva Victoria Ocampo! Empero, esta poderosa Dama Mundana, esta alma violenta y apasionada, bañada en ignotas e infinitas soberbias, en indescriptibles y sangrientos lujos del Medioevo Sudamericano, por un indescifrable Misterio de su iglesia interna se convierte en una niña temblorosa cuando se encuentra con lo que ella misma llama “Valery y Francia”. ¡Muera Victoria Ocampo! Vedla como se esquiva, se aniquila, se inmaduriza frente a Valery (...) Pero chiquilla, aunque no fueses Victoria sino la más humilde y más inmadura de las hermosas hijas de esta tierra, no te conviene arrodillarte (...) Ni América es tan inmadura ni Europa es tan madura”
El Alter Ego (Carlos Mastronardi; escritor) hizo lo que pudo para acercar a Gombrowicz a Victoria Ocampo, pero entre el Sur que Gombrowicz había descubierto pedaleando una bicicleta entre un pequeño balneario montañoso y la playa de un puerto diminuto en los Pirineos Orientales, y el “Sur” de Victoria Ocampo había un abismo. Ese poeta de Entre Ríos, irónico y hermético, se obsesionó con Gombrowicz.
En esa encarnación de lo provinciano en el europeísmo más parisino se alojaba una bondad angelical protegida por la causticidad. Un crustáceo que defendía su hipersensibilidad se interesó por ese ejemplar de europeo culto, y lo introdujo en los secretos de una Argentina entre bastidores, que se escapaba de los intelectuales y los aterrorizaba.
“(...) una dama ya entrada en años y aristócrata, que nadaba en millones largos y que con su tenacidad entusiasta había conseguido hacerse amiga de Paul Valéry, invitar a su casa a Tagore y Keyserling, tomar el té con Bernard Shaw y hacer buenas migas con Strawinski (...) Un escritor francés de renombre había caído ante ella de rodillas gritando que no se levantaría hasta recibir el dinero suficiente para fundar una ‘revue’ literaria: –¿qué iba hacer con un hombre arrodillado y que no quería levantarse? Tuve que dárselo”
Victoria Ocampo era una distinguida dama argentina que había convertido a su hermosa mansión de San Isidro en un verdadero centro cultural para el desarrollo de la vida literaria.
Descubrió y apoyó con entusiasmo a muchos escritores que fueron importantes, algo que no es tan fácil de explicar debió ocurrir entonces entre Victoria Ocampo y Gombrowicz, esta mujer eminente estaban acostumbradas a tratar con locos y con toda la variedad de trastornos que tiene el género humano. Gombrowicz rechazó a Victoria Ocampo por artificial y europeizante, una dama aristocrática apoyada en muchos millones que acostumbraba a hospedar en su casa a celebridades europeas, y sobre la que se hacía la pregunta de en qué medida habían influido en esas majestuosas amistades los millones de la señora Ocampo y en qué medida sus indudables calidades y su talento personal.


Juan Carlos Gómez (Gombrowiczidas)

lunes 8 de febrero de 2010

Evocación Dominguera, José Luis Colombini

Evocación Dominguera

Un sol embriagando pasos en su agonía distante,
un domingo que añora hojas verdes
mordiendo manos enlazadas
alargando voces que suenan cada vez más distantes.
Hoy la melancolía es una copa trizada
brillando al sol de la siesta,
es un cielo fuego en el atardecer
liando la tristeza de una calle desinflada.
Camino en el frío, séquito que calcina las hojas
abriendo con sus fantasmas el nicho de la vida.
Una mujer abre una ventana
como para mirar la realidad con otros ojos,
un hombre en bicicleta se detiene arma un cigarro
con tabaco Richmond.
Dos gorriones juegan, lidian
refregándose en los escasos rayos de sol,
repaso con nostalgia mi niñez,
la proeza del negro Arce
que atrapo dos gorriones mientras peleaban.
Recuerdo las calles indiferentes que solía caminar
pateando soledades, rumiando historias
donde pudiera ser el héroe.
Las avenidas de tierra se suceden,
parece estamos tan lejos de Dios
en este camino llevando la postergación
en el polvo que lo cubre,
en los sueños de un mundo mejor
jugando a las escondidas,
en las manos del futuro
escurriéndose entre la mugre y los desperdicios
que la gente arroja a la vera de la calle.
Lejos de las autopistas, de autos último modelo
de aparatos de amor.
Cerca, muy cerca del olvido,
acariciando el retraso y el quedarse en el tiempo
entre bolsas negras cubriendo los menesteres
de la civilización cuál banderas deshilachadas de tristeza
decorando las tuscas y espinillos.


José Luis Colombini

domingo 7 de febrero de 2010

Humanos, Yuí Paez

Humanos, Yuí Paez

En un frigorífico es fácil encontrar un nido de lauchas. Como también es probable que sus habitantes humanos no tengan ni para los puchos. Por eso es difícil manguear. Sólo cuando aparece uno nuevo se pueden reverdecer todos los trucos y artimañas.
La última vez que tuvimos suerte, l nuevo era un jovencito que todas las mañana inauguraba un paquete de cigarrillos. Así que con el Toto y el nuevo, como quien no sabe, nos aparecimos en un nido de rosadas lauchas que hacían hiii, hiiiiiiii…
- Toto, ¿a que no te comes una laucha?
- ¿Qué apostamos?
- Te apostaría unos puchos pero no tengo.
- Yo tengo, dijo el nuevo y se enganchó.
El Toto levantó la laucha de la cola. El híí, híí, era cada vez más intenso y agudo. Puso la cara, la boca, en posición tragasables y fue bajando despacio al animal que se retorcía desesperadamente.
Cuando la cabeza se perdió en la boca grandemente abierta del Toto. El nuevo, pálido como el papel, pegó un grito.
- ¡¡¡Basta…, tomá los puchos y sacate eso de la boca, asqueroso!!!
Yuí Paez

sábado 6 de febrero de 2010

El Pensador, Aleister Crowley


El Pensador, Aleister Crowley

¡Ciega agonía del pensamiento! Quien brinda su pluma,
su pincel o su lira al Arte puede comprender en éste
el símbolo de su batalla en contra y a favor
de los hombres, el retrato del atormentado deleite
de su necesidad; se sienta próximo a él
el consumado del pensamiento mágico.
Rodeado por su propio abrazo se sienta; ¡rastrean
los sabuesos invisibles el dolor sobre las hendiduras!
Pronto, pronto estarán sobre él; pronto, los colmillos del odio,
¡los afilados dientes del infinito sobre él!
¿Podrá el amor, o la gloria, o la riqueza, abolir esos tormentos?
¿Qué sirena de voz y pecho dulces podrá conquistarle?
¡Ninguna, estad seguros! Con sereno espanto
el pensador formula la ley eterna.

viernes 5 de febrero de 2010

Ozzy Osbourne - Mr. Crowley


Ozzy Osbourne - Mr. Crowley
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jueves 4 de febrero de 2010

Sócrates (El hombre de la nariz rota) Aleister Crowley

Sócrates (El hombre de la nariz rota) Aleister Crowley

Perfecta belleza labrada de deformidad,
oh filósofo de la nariz rota, la tuya.
Así como los diamantes, más profundos en el limo azul,
así es el secreto de tu sólida fortuna
resplandor daimónico más allá de moda e importancia
de rasgo atormentado; el espíritu de la virtud relumbra,
el genio y la sabiduría de la divina fuerza
que insufla tu rostro; ¡esplendor!, nada menos.
¡Ay! Beberás la cicuta, sufrirás
y morirás por respeto a ti mismo, ¡por amor a los demás!
¿Son hoy los hombres hermanos inseparables?
¿Es mi vida más plácida que la de los griegos?
Los griegos, al menos, me ayudarán en mi arte.
¡Crucificad a Crowley! ¡No, mis amigos!, la pócima.
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Aleister Crowley

miércoles 3 de febrero de 2010

Felipe Angellotti, leyendo su Narrativa La casa


Felipe Angellotti, leyendo su Narrativa La casa
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martes 2 de febrero de 2010

Witold Gombrowicz y Susan Sontag, Juan Carlos Gómez (Gombrowiczidas)

WITOLD GOMBROWICZ Y SUSAN SONTAG
JUAN CARLOS GÓMEZ (GOMBROWICZIDAS)
“La Universidad de Yale organizó un congreso internacional acompañado de una exposición con materiales de Gombrowicz en los archivos de la Biblioteca Beinecke, además de mesas redondas académicas, películas y representaciones teatrales de sus obras.. A pesar de todas estas muestras de deferencia, a pesar de que sus libros están traducidos a más de una treintena de idiomas, y a pesar de un amplio número de lectores en el exterior, en Estados Unidos, Gombrowicz sólo es conocido esencialmente entre los escritores. Susan Sontag y John Updike lo consideran una figura influyente en la literatura moderna, comparable a Proust y a Joyce. Yo no sé si eso habría agradado a Gombrowicz, que tenía una idea totalmente distinta acerca de la fama que quería para sí mismo (...)”
“No deseaba en absoluto que lo compararan con el Tolstoi de Yasnaya Polyana, el Goethe de Olympus o el Thomas Mann que relacionaba el genio con la decadencia, y no le interesaba en absoluto el dandismo metafísico de Alfred Jarry o la maestría afectada de Anatole France. Ni siquiera quería ser conocido como escritor polaco, sino simplemente como Gombrowicz”
La literatura es uno de los fenómenos que más junta y que más divide a la humanidad. Su alcance es tremendo, el hecho de que Gombrowicz haya podido enfrentar, en tiempos y en espacios diferentes, a dos mujeres estadounidenses eminentes es una prueba palpable de que una y la misma cosa puede despertar sentimientos tan encontrados como el desprecio y el amor.
Mary MacCarthy y Susan Sontag se cruzaron con la obra de Gombrowicz con muy distinto talante. Gombrowicz había empezado a tener una nostalgia melancólica por la Argentina en Vence. Algunos fragmentos escritos de su puño y letra en los diarios y en las cartas que nos escribía tienen esa tonalidad. En ese tiempo también había finalizado “Cosmos” y “Opereta” y se había puesto de moda en París.
La presencia simultánea de la nostalgia melancólica por la Argentina y del envalentonamiento en París puede que haya sido el origen de algunos contratiempos que tuvo en Vence. La ambivalencia y la bipolaridad de Gombrowicz fueron las que le levantaron poco a poco ese conjunto de cárceles, también la de los premios. A principios de mayo de 1965 no abrigaba ninguna esperanza de conseguir los diez mil dólares del Premio Internacional de Editores.
Pero al cuarto día de las deliberaciones una periodista italiana que lo entrevistaba le dijo que en el jurado habían empezado a hablar de “Pornografía”, un libro que se destacaba entre unas cuantas decenas de obras en discusión. Quedaron como finalistas Witold Gombrowicz y Saul Bellow, un estadounidense que diez años después recibiría el Premio Nobel.
Los diez mil dólares del premio le despertaron el apetito y le quitaron el sueño, pero por un conjunto de circunstancia adversas perdió por un voto, y los dólares se le esfumaron de entre las manos. El español Ferrater, que en principio estaba de su parte, decidió proponer en la primera votación a un latinoamericano para hacerle propaganda; el nombre de “Pornografía” también lo perjudicó.
El mismo jurado había premiado unos días atrás una obra algo escabrosa, y no quiso premiar en forma contigua más de lo mismo; y la presidenta del jurado, Mary MacCarthy, dijo que no había sido capaz de leer más de cincuenta páginas de la novela. Mary McCarthy era una novelista y ensayista estadounidense sobresaliente. Su obra, en conjunto, se destacaba por una mezcla rica y precisa de ficción y autobiografía.
Pasado el tiempo, a juicio de muchos, se ha convertido en una de las más grandes escritoras e intelectuales estadounidenses del siglo XX. Sin embargo, y a raíz de los comentarios que la McCarthy había hecho sobre “Pornografía”, a Gombrowicz le sale el abogado que tiene dentro, y empieza a meditar en cómo podía llevar a ese jurado a los tribunales.
Las bases legales de la acción judicial se podían sustentar en el hecho de que el premio, el más importante después del Nobel, debía otorgarse al mejor libro y sólo desde el punto de vista artístico, ése era el único criterio que debía tenerse en cuenta. Inspirado seguramente en este impulso de Gombrowicz a alguien de por aquí, en la Argentina, se le ocurrió llevar a los tribunales al Vate Maxista y a la editorial “Planeta”, pero ésta es harina de otro costal.
“Compréndanme, por favor: nosotros, los artistas, conocemos perfectamente bien lo insignificante y efímero de nuestras empresas. Por supuesto que emborronar el papel con historias imaginarias no es una ocupación seria. Qué vergüenza sentía los primeros años de escribir, ¡cómo me ruborizaba cuando alguien me sorprendía in fraganti! (...)”
“Si un ingeniero, un médico, un oficial, un piloto, un obrero son gente seria de entrada, un artista no consigue realizarse seriamente más que después de muchos años de esfuerzos y contrariedades. A mí la ascensión me había ocupado treinta años de esfuerzo, miseria y humillación (...)”
“¿Quién? ¿Qué demonio? ¡Diez mil dólares! ¡Que tú codicias! ¡Que han penetrado en ti hasta la médula! ¿Diez mil? ¡Pero si es una suma del todo ridícula! ¡Si al menos fuera un millón! ¡Cincuenta millones! No diez mil, ésa es la suma que gana un financiero estándar en una transacción que no pasa de mediocre”
Gombrowicz no dice esto para despreciar los premios, sino para poder presentarse a ellos sin menoscabo de su propia vida interior y también para mostrar qué hirientes pueden ser estas canalladas.
Después del Formentor –que recibe dos años después multiplicado por dos pues lo habían aumentado a veinte mil dólares– a Gombrowicz se le despierta otra vez el apetito y quiere más, quiere el Premio Nobel.
“Me ha afectado mucho el telegrama de Christian Bourgois a propósito del Premio Nobel que, desgraciadamente, se me ha escapado otra vez con sus setenta mil dólares. El año que viene se lo darán a un negro, después a un mulato, después a Günter Grass y después a mí, y entonces me compraré un Mercedes deportivo de dos puertas”
Susan Sontag, escritora y directora de cine, es considerada como una de las intelectuales más influyentes en la cultura estadounidense de las últimas décadas, pero la posición de Susan Sontag es un lugar de conflicto.
En un país al que los escritores no suelen importarle demasiado, Sontag ha motivado debates de altura y diatribas descarnadas acerca de su obra, por supuesto, pero sobre todo acerca de su persona. En Estados Unidos, el hecho de que un novelista intervenga en política, interior o internacional, no es bien recibido.
Sontag ha ido mucho más allá: ha visitado países en guerra; ha fustigado a los gobiernos estadounidenses con tanta dedicación como ferocidad; ha asumido, en definitiva, el papel de portavoz del intelectual comprometido. Desde su posición de neoyorquina arquetípica, ha ido por el mundo representando una ética del intelectual contemporáneo que no es frecuente, y la ha acompañado con textos de calidad constante y de naturaleza siempre controvertida, también en el caso del hermoso texto que escribe sobre “Ferdydurke”.
“Entonces, ¿puede ‘Ferdydurke’ ofender todavía? ¿Aún parece escandaloso? Salvo por la misoginia mordaz de la novela, probablemente no. ¿Y aún parece extravagante, brillante, perturbador, valiente, divertido... espléndido? Sí. Celoso administrador de su propia leyenda Gombrowicz estaba y no estaba diciendo la verdad cuando aseguró que había logrado eludir con éxito todos los géneros de grandeza (...)”
“Pero sea lo que fuere que pensaba, o quería que pensáramos que pensaba, hay determinadas consecuencias inevitables si alguien ha producido una obra maestra y finalmente se lo reconoce como grande. A finales de los años cincuenta ‘Ferdydurke’ fue finalmente traducido (gracias a un patrocinio propicio) al francés, y Gombrowicz fue, por fin, descubierto”
“Nada había querido más que ese reconocimiento; este triunfo sobre adversarios y detractores, reales o imaginarios. Pero el escritor que aconsejaba a sus lectores que intentaran evitar toda expresión de sí mismos, que se precavieran contra todas sus creencias y que desconfiaran de sus sentimientos, sobre todo, que dejaran de identificarse con lo que los define, apenas podía dejar de insistir que él, Gombrowicz, no era ese libro. En efecto, tiene que ser inferior a él. ‘La obra, transformada en cultura, se cierne en el cielo, mientras yo permanecía debajo’. Como el gran trasero que se cierne en lo alto sobre la desganada fuga del protagonista hacia la normalidad al final de la novela, ‘Ferdydurke’ ha ascendido hasta lo alto del empíreo literario. Larga vida a su sublime burla a todos los intentos de normalización del deseo... y los alcances de la gran literatura”
Juan Carlos Gómez (Gombrowiczidas)

lunes 1 de febrero de 2010

Disparadores de ausencias, José Luis Colombini

Disparadores de ausencias. Un verano sin Salinger, José Luis Colombini
Salinger

El insomnio de tú noche
vierte tristezas que devoran instantes.
La madrugada esconde pausas calladas
entre tazas de café,
incertidumbres que se enredan
en el ladrido de los perros.
Me encierro como un beautiful loser
dejándome morir
en la hierba de las dudas,
buscando el abrigo,
en las azules sabanas de seda.
José Luis Colombini
"Si realmente quieres que te lo cuente seguramente lo primero que vas a querer saber es dónde nací y cuán jodida era mi niñez y de qué se ocupaban mis padres antes de tenerme y todo esa mierda al estilo David Copperfield, pero realmente no me dan ganas meterme en esos temas, si quieres saber la verdad. En primer lugar, ese tipo de cosas me aburre, y en el segundo lugar mis padres tendrían dos hemorragias -uno cada uno- si contara cosas muy personales sobre ellos. Son bastante sensibles sobre ese tipo de cosas, especialmente mi padre. Son simpáticos y todo eso -no estoy diciendo que no- pero también son sensibles como el carajo. Además, no te voy a contar toda mi condenada autobiografía ni nada por el estilo. Solamente te contaré sobre unas cosas de demente que me pasaron alrededor de las navidades pasadas justo antes que me quedé un poco a mal traer y tuve que venir acá y tomármela tranquilo. Quiero decir, eso es todo que le conté a D.B y él es mi hermano y todo. El está en Hollywood. Eso no está tan lejos de este maldito lugar, y él viene y me visita casi todas las semanas. El me va a llevar en auto a casa la semana que viene cuando me vaya de este lugar el mes que viene, tal vez. Acaba de comprarse un Jaguar. Uno de esos autos ingleses que pueden llegar a hacer 100 millas por hora. Le costó como cuatro mil putos dólares. Pero tiene mucha guita ahora. Antes no. Antes era un escritor normal (...)".

El Cazador Oculto, J.D. Salinger

La noticia me golpeo como un palazo sobre mis espaldas y mi cabeza. Una nueva orfandad sentía en mi cuerpo y en mi espíritu. Si, se nos murió Jerome David Salinger. Padre putativo de los que nos arremolinamos en la literatura.
La pasión dejó de apasionar corazones y acuchillar gritos en la garganta.
Los sueños escaparon por entre utopías azules de soñadores de bocas abiertas y moscas revoloteando en el amanecer.
Las pancartas, los trapos se quemaron al fuego donde arden los pecados.
La sequía desertificó el césped y la lluvia de papelitos dio paso a una lluvia de rayos de sol incendiando los días.
Los sueños de dormidores de siesta nos dejaron en la soledad atravesano un sendero de tierra bordeando un canal revestido.
Verano mucho calor y otra muerte golpeando nuestras mandíbulas.
A mediados de los años 80 y durante tres años Rodrigo Fresán escribía en la revista Pelo una columna llamada el Cazador oculto, leía esa columna en mi adolescencia torpe sintiéndome fascinado por ese escritor de paisajes urbanos que pintaba el mundillo del rock argentino y sus laberintos undergrounds. Empiezo a indagar que era el cazador oculto, en esa época no existía internet que con solo googlear algo encuentras, alguna respuesta algún acercamiento, había que rebuscársela consultar a los amigos, a los conocidos. Mi primo Paul, alias el polaco, me dijo es un libro de un tipo llamado Salinger, Paul un intelectual a quién le llaman el hombre Santo, en ese momento leía La conjura de los necios de John Kennedy Toole.
Le pregunto a mi madre, gran lectora, pero como El cazador oculto no conocía nada, claro cuando le pregunte por Salinger me dijo a si El guardián entre el centeno y me dio el libro Nueve Cuentos, pero yo quería leer el cazador oculto sin saber que en muchas ediciones se llama El guardián entre el centeno.
Mi madre viaja a Buenos Aires y le pido que me compre ese libro, la idea no le entusiasmo mucho. Tenía miedo que la prosa Salingeriana me hiciera perder la cordura y terminara siendo un inadaptado que emulara a algunos celebres lectores de ese libro como Mark Chapman que le disparo y asesino a John Lennon o John Hinckley, Jr quien intentara matar al presidente de Estados Unidos Ronald Reagan o Lee Harvey Oswald que baleó a Kennedy.
Ante mi insistencia, mi entusiasmo y mis caprichos de hijo único mi madre me trajo el libro.
Por supuesto el libro me encanto y me marco para siempre, muchos días y días con noches, tardes con melancolía, amaneceres después de no haber dormido sintiéndome Holden Caulfield, el libro que para mi mejor captó la verdadera adolescencia con todos los ir y venir, con las contradicciones, con soñar con protagonizar la historia en la cual uno es el héroe o llegar a conclusiones donde uno reflexiona que es penoso que el amor de una mujer solo sirva para poner en ridículo a un hombre.
Después leí los Nueve Cuentos y me fascino: Un día perfecto para el pez banana y Para Esmé, con amor y sordidez, en ese orden.
La narrativa de Salinger me parece brillante, su vida un misterio, casi no hay fotografías de el, desde el 80 vivía recluido, no concedía entrevistas y casi no hablaba con nadie.
El último libro que leí de el fue: Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción y lo disfrute mucho.
El cazador oculto es uno de mis libros clásicos y siempre vuelvo a el. Ah nunca se me dió por intentar asesinar a nadie.
Hoy al saber que a muerto siento un sabor amargo en mi boca, la espera termino, siempre pensaba un día saldría la continuación de lo que pasa con Holden Caulfield y acá estamos huérfanos, sintiendo esta orfandad que carcome el alma, se murió Salinger, nuestro padre irreverente, El hombre que ríe, nuestro guardián entre el centeno.
José Luis Colombini

domingo 31 de enero de 2010

Ella, Vicente Huidobro


ELLA

Ella daba dos pasos hacia delante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo
Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza
Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla
Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma
Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia
Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas

Vicente Huidobro. De Ver y palpar,1941

sábado 30 de enero de 2010

La poesía es un atentado celeste, Vicente Huidobro

La poesía es un atentado celeste

Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando en viaje dando un poco de mi vida
A ciertos árboles y a ciertas piedras
Que me han esperado muchos años
Se cansaron de esperarme y se sentaron
Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco el atroz equívoco
Angustioso lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas
Me estoy haciendo árbol Cuántas cosas me he ido convirtiendo en
[otras cosas...
Es doloroso y lleno de ternura
Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación
Hay que guardar silencio Esperar en silencio

Vicente Huidobro. De Últimos poemas, 1948

viernes 29 de enero de 2010

VERMOUTH, Vicente Huidobro

VERMOUTH

Bebo en un café
al fondo de las horas olvidadas MONTMARTRE
Vasos de vino ardiente
y estrellas fermentadas
Todas Las Vendimias
De Las Horas Pasadas
Una angustia de amor cierra los ojos
Y pesa sobre los sueños este ramo
Llevo los siglos entreabiertos en mis hombros
Llevo todos los siblos y no caigo
Bebedores de vinos rojos
Y de cielos gastados
Algo se esconde al fondo de los vasos
Bebedores de mares y de vidas
Yo os doy mi sangre en hostias líricas
Mi sangre que hizo rojas las auroras boreales
Viene de enfermedades vesperales
Filial Licor
Campesinos frangates
Ordeñaban el sol
Los árboles tienen orejas para esta voz que canta
Todos los siglos cantan en mi garganta.

Vicente Huidobro

jueves 28 de enero de 2010

Astro, Vicente Huidobro

ASTRO

El libro
Y la puerta
Que el viento cierra
Mi cabeza inclinada
Sobre la sombra del humo
Y esta página blanca que se aleja
Escucha el ruido de las tardes vivas
Reloj del horizonte
Bajo la niebla envejecida
Se dirá un astro de resorte
Mi alcoba tiembla como un barco
Pero eres tú
Tú sola
El astro de mi plafón
Yo miro tu recuerdo náufrago
Y aquel pájaro ingenuo
Bebiendo el agua del espejo.


Vicente Huidobro

miércoles 27 de enero de 2010

Irrealidad, Gladys Acevedo

Isabel Nieto Grando y Gladys Acevedo

IRREALIDAD

-¿Quién sos para que estén todo el día pensado en vos? – Brotaron las palabras mientras las miradas se entrecruzaron entre los dos. Él, inusitado ante la prepotencia de ella quien ingenuamente expresaba sus deseos, pues simplemente pretendía que alguien la considerara. Fue un golpe muy duro para su corazón, pero calló.
El silencio envolvió el instante, mientras la garganta de la mujer se llenaba de piedras atragantándose con un no saber qué responder.
Un vacío cruel impregnó su espíritu y las piedras empezaron a crecer. Las aristas, poco a poco, fueron incrustándose, descarnando lentamente la garganta; mientras, como en una película sin sonido, la mujer miraba los gestos de los labios del hombre que aparentemente mascullaba su ironía.
¿Quién se atreve a pedir que piense todo el tiempo en alguien?. Sólo esta mujer embebida en su mundo irreal.
Poco a poco, se hundió en la frialdad de las rocas para no volver a hablar.

Gladys Acevedo, Salsacate, Córdoba, Argentina

martes 26 de enero de 2010

Witold Gombrowicz y Arthur Rimbaud, Juan Carlos Gómez (Gómbrowiczidas)

JUAN CARLOS GÓMEZ (GÓMBROWICZIDAS)

WITOLD GOMBROWICZ Y ARTHUR RIMBAUD
“Ferreira llegó al bar excitado y divertido; después de su infaltable y ceremonioso saludo me contó, conteniendo la risa, gran parte de una extraña novela que había encontrado enmohecida en un estante de la biblioteca. Se llamaba ‘Ferdydurke’. El libro había sido hallado sin abrir, las páginas virginalmente cerradas. Ferreyra fue su primer lector, yo el segundo, Vilela el tercero y Betelú el cuarto (...)”
“Exceptuando algunos pocos admiradores y amigos fue cuidadosamente sepultado por la casi totalidad del medio argentino y por muchas de sus grandes figuras (...) Los mismos señores que se deleitaban con las extravagancias de Rimbaud y escribían y hablaban humanitaria y comprensivamente de él, cuando se encontraron con las extravagancias de Gombrowicz olvidaron su espíritu comprensivo y humano (...)” “Claro está, nadie les había dicho si Gombrowicz era un artista o un farsante, y sí les habían dicho que Rimbaud era un artista”
El Ingeniero Fireire (Juan Carlos Ferreyra; ingeniero), el Asno (Jorge Di Paola; escritor) , Marlon y Flor de Quilombo (Mariano Betelú; pintor y amigo de Gombrowicz) fueron pues entonces los que descubrieron y desparramaron en Tandil el inmarcesible “Ferdydurke”. Esta joven comparsa de intelectuales tandilenses era admiradora de Arthur Rimbaud, una verdadera contrariedad para Gombrowicz pues ese personaje era poeta y francés. Sin embargo, existía un punto de contacto entre ellos: la modernidad. Caracterizado por su afán de destrucción y por su rebeldía, Rimbaud concibe la poesía como medio de exaltar la vida. La obligación del poeta era la de agotar todas las formas de amor, de sufrimiento y de locura para alcanzar lo desconocido.
La modernidad levanta altares a la transitoriedad y a la inmanencia como pilares de una recién inaugurada idea de belleza, y pocos artistas lograron expresar esa nueva sensibilidad como Arthur Rimbaud, tanto por lo que respecta a su obra como en su trayectoria vital.
“Hay que ser absolutamente moderno (...) Nada de cánticos: ir por delante. ¡Dura noche! ¡La sangre reseca exhala vapor sobre mi rostro, y no dejo nada detrás salvo ese horrible arbolillo!... El combate del espíritu es tan brutal como la batalla de los hombres; pero la visión de la justicia es placer exclusivo de Dios”
Estudiante inquieto y burlón era, sin embargo, superdotado y brillante: A los quince años ya había ganado todo tipo de premios de redacción y compuesto originales versos y diálogos en latín.
“Nada banal germina dentro de esta cabeza. Será un genio del Mal o un genio del Bien” Su conducta se había vuelto caótica e irreverente; había comenzado a beber y se divertía conmocionando a los burgueses locales con sus vestimentas andrajosas, sus pintadas de ‘Muera Dios’ en las iglesias y su cabello largo. De esta manera se propuso desarrollar un método para lograr la trascendencia poética y el poder visionario, a través de una larga, inmensa y racional locura de todos los sentidos.
Mantuvo una tormentosa relación sentimental con Verlaine. Durante el tiempo que estuvieron juntos, llevaron una salvaje vida disoluta de vagabundos, embriagados de ajenjo y hachís. Así escandalizaron a la elite literaria parisina, indignada en particular por el comportamiento de Rimbaud, auténtico arquetipo del enfant terrible.
Gombrowicz y Rimbaud son navegantes aventureros, pero mientras Gombrowicz sólo emprende aventuras interiores a bordo de embarcaciones imaginarias en “Aventuras” y “Acerca de lo que ocurrió a bordo de la goleta Banbury”, Rimbaud las emprende a bordo de buques reales que lo llevan a Indonesia, a Yemen, a Abisinia, donde se transforma en un mercader cuentapropista y llega a hacer una pequeña fortuna traficando armas.
Algunos hombres de letras son un poco exagerados cuando escriben y más o menos equilibrados en la vida de todos los días. Otros, al contrario, son bastante equilibrados cuando escriben y exagerados en todo lo demás; Gombrowicz pertenece a la primera categoría de escritores, Rimbaud, en cambio, no pertenece a ninguna de las dos categorías, estaba totalmente desequilibrado.
Es útil no perder de vista esta característica de Gombrowicz, ni tampoco olvidar la preferencia que tenía por mirar antes que por pensar. Como, por otra parte, tenía la costumbre de anotar todo lo que le molestaba o lo consternaba, no es tan difícil seguir los pasos que da cuando se mete con las tres pertenencias fundamentales que tiene el hombre: la transcendencia, la tierra y la especie.
A penas cumplidos los veinte años se despacha con unos comentarios que dejan de una pieza a las pertenencias fundamentales. En efecto, escribe que cada vez que tropieza con un sentimiento misterioso, sea la virtud o la familia, la fe o la patria, siente la necesidad de cometer una villanía. De esta manera empieza a recorrer el largo camino de las ironías, de las provocaciones y de las blasfemias.
“Tenía miedo en Polonia (...) La única razón de mi zozobra era indudablemente el que sintiera que pertenecíamos a Oriente, que éramos Europa oriental y no occidental, sí, ni el catolicismo, ni nuestra aversión hacia Rusia, ni las uniones de nuestra cultura con Roma y París, nada podían hacer contra esa miseria asiática que nos devoraba desde abajo... toda nuestra cultura era como una flor pegada a la piel de cordero de un abrigo campesino” En el medio de este mundo de hombres paralizados a Gombrowicz se le ocurre ponerse en contra del lema del romanticismo polaco que convocaba a los jóvenes a medir las fuerzas por las intenciones y no las intenciones por las fuerzas, y escribe “Ferdydurke” con un propósito restringido, pero esa aspiración de modernismo de la obra se le va de las manos, le sale el tiro por la culata y se pone en línea con la “Oda a la juventud” de Adam Mickiewicz.
Milan Kundera contabiliza algunos elementos de “Ferdydurke” que están relacionados con la familia y con la modernidad.
“La familia está dominada por la hija, una colegiala moderna. A la chica le encanta llamar por teléfono; desprecia a los autores clásicos; cuando un señor llega de visita, se limita a mirarlo y, mientras se mete entre los dientes una llave inglesa que sostenía en la mano derecha, le alarga la mano izquierda con total desenvoltura. También su madre es moderna; es miembro del comité para la protección de los recién nacidos; milita contra la pena de muerte y a favor de la libertad de costumbres; ostensiblemente, con aire desenvuelto, se dirige hacia el retrete, del que sale más altiva de lo que ha entrado; a medida que envejece, la modernidad se vuelve para ella indispensable como único sustituto de la juventud. ¿Y su padre? Él también es moderno; no piensa nada, pero hace todo lo posible para gustar a su hija y a su mujer” La idea de Kundera es que Gombrowicz captó en “Ferdydurke” el giro fundamental que se produce en el siglo XX. Hasta entonces la humanidad se dividía en dos, los que defendían el statu quo y los que querían cambiarlo. En el pasado el hombre vivía en el mismo escenario de una sociedad que se transformaba lentamente, de repente la historia se empezó a mover bajo sus pies como una cinta transportadora sobre la que también viajaba el statu quo. Por fin se podía ser a la vez conformista y progresista, equilibrado y rebelde. El sillón de la historia empieza a ser empujado hacia delante por todo el mundo.
“Los colegiales modernos, sus madres, sus padres, así como todos los luchadores contra la pena de muerte y todos los miembros del comité para la protección de los recién nacidos y, por supuesto, todos los políticos que, mientras empujaban el sillón, volvían sus rostros sonrientes al público que corría tras ellos, y que también reía, a sabiendas de que sólo el que se alegra de ser moderno es auténticamente moderno. Fue entonces cuando una parte de los herederos de Rimbaud comprendieron algo inaudito: hoy, la única modernidad digna de ese nombre es la modernidad antimoderna” Gombrowicz era un terrateniente de origen noble, una herencia poderosa para los polacos, la historia de una familia que había tenido cuatro siglos de bienestar. Los terratenientes, no importa cuál sea su origen, tendrán siempre, a juicio de Gombrowicz, una actitud de desconfianza hacia la cultura, y una naturaleza de señor.
“Pues bien, yo, aunque traidor y escarnecedor de mi ‘esfera’, pertenezco a pesar de todo a ella (...) muchas de mis raíces deben buscarse en la época de mayor depravación de la nobleza, el siglo XVIII (...) Pero no solamente era eso. Yo, que tenía un pie en el bondadoso mundo de la nobleza terrateniente y otro en el intelecto y la literatura de vanguardia, estaba entre dos mundos. Pero estar ‘entre’ es también un buen método para enaltecerse, puesto que aplicando el principio de divide et impera puedes conseguir que ambos mundos empiecen a devorarse mutuamente, y entonces tú puedes zafarte y elevarte ‘por encima’ de ellos” Gombrowicz estaba pues, según la manera de pensar de Kundera, establecido en una modernidad antimoderna, y era por esa razón un ilustre heredero de Rimbaud, y según la mirada del mismo Gombrowicz, seguía teniendo algo del perfume de esa flor pegada a la piel de cordero del abrigo de un campesino polaco. Por otro lado Gombrowicz no estaba dispuesto a someterse a la costumbre cartesiana que tienen los franceses de encasillar a todo el mundo.
Estaba almorzando en un local muy distinguido a orillas del Sena conversando animadamente con gente del ambiente literario: –¡Quién es ese escritor; –Es un escritor eminente; –Sí, eminente, pero ¿quién es?; –Viene del surrealismo y se pasó al objetivismo; –Muy bien, objetivismo, pero ¿quién es?; –Pertenece al grupo Melpomène; –No tengo nada en contra de Melpomène, pero ¿quién es?; –Una combinación de géneros: el argot con una metafísica de elementos fantásticos; –Sí, la combinación me parece bien, pero ¿quién es?; –Cuatro años atrás le concedieron el Prix St. Eustache..., y tú cómo te consideras; –Yo no soy escritor, ni miembro de nada, ni metafísico ni ensayista, soy yo mismo, libre, independiente, vivo...; –Ah, sí, eres existencialista.
Los contertulios estaban turbados con la mirada ingenua de Gombrowicz que les traspasaba la ropa, y es aquí cuando decide hacer el experimento crucial: se empieza a bajar los pantalones.
“(...) cundió el pánico, salieron rajando por puertas y ventanas. Me quedé solo. El restaurante estaba desierto, hasta los cocineros habían huido... Sólo entonces me di cuenta de lo que estaba haciendo, de lo que pasaba...., y me quedé así, hecho un tonto, con una pernera puesta y la otra en la mano”
Juan Carlos Gómez (Gómbrowiczidas)

lunes 25 de enero de 2010

Jose Luis Colombini leyendo Distintos Poemas sobre hojas


Jose Luis Colombini leyendo Poema de las tres hoja de Federico Garcia Lorca,Hojas de Teresa Gómez Atala, Abril de Gabriela Bayarri, Una Hoja de roble de Gerardo Coria, ´Tres Hojas en el estanque de Gerardo Coria y Bordeo la sierra y El viento de José Luis Colombini.
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domingo 24 de enero de 2010

Edgardo Vivanco recordando a Olga Orozco

Edgardo Vivanco recordando a Olga Orozco,Edgardo fue el médico personal de Olga Orozco durante 25 años y mas que una relación paciente médico los unía una amistad, en este Video exclusivo de Cenicienta de Mendigos y Ladrones la recuerda y habla de la relación de Olga Orozco con los Horoscopos y la Astrología.

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sábado 23 de enero de 2010

Carta de Alejandra Pizarnik a Antonio Porchia


Buenos Aires, 20 de Abril de (¿1963?)


Querido amigo Antonio Porchia:
¿Cómo hablar de lo indecible? Sólo por medio de las Voces. Sólo ellas han logrado hacer pleno este lenguaje, sólo ellas han sabido llenar de sangre las palabras y transformarlas en la Palabra, la única valedera. Si no mediara mi gran afecto por usted tal vez no le enviaría estas líneas. Una cosa es hablar de las Voces a un público anónimo y otra a su autor. No es posible ---por lo menos en mi caso--- explicarlas o comentarlas; sólo puedo decirle que mientras las leía, ellas ---que contienen todas las respuestas--- suscitaron en mí un eco silencioso que asentía dulcemente. Un eco como proveniente de tiempos inmemoriales, como si se refiriera a nuestros orígenes, a lo más hondo de la vida. Me sucedió uno de esos procesos reminicentes que sólo pueden llevar a los grandes y buenos encuentros. Y es a usted a quien se lo debo. Sus voces son de lo más puro y hermoso que se encuentra en el mundo. Y es usted quien las creó. Gracias.

Suya

Alejandra Pizarnik

viernes 22 de enero de 2010

Carta de Alejandra Pizarnik a Antonio Porchia

30, rue Saint Sulpice - París 6 e
22 de febrero de 1963



Querido don Antonio Porchia: Siempre pienso en usted y son incontables las veces en que quise escribirle. Pero siempre quería que llegara un instante único, privilegiado, separado de los otros, no parecido a ningún otro, para enviarle unas líneas que le dijeran la manera más pura cuánto lo recuerdo y que terriblemente importante ha sido --es-- haber conocido su voz, sus voces. Le agradezco enormemente las que me envió. Mi familia me las hizo llegar. Ahora esas dos hojas con su escritura están usadas y desgastadas (por mis ojos) porque las llevo conmigo como quien lleva los obligados documentos de identidad. Y en verdad son eso.
Sabrá por nuestro común y querido amigo Roberto Juarroz que van a hacer tres años que estoy en París. No pocas veces me tienta el volver, verlo a usted, a Roberto, a unos pocos más... Ahora creo que podría conversar con usted "mejor" que antes, tal vez porque perdí mi adolescencia o sufrí más o recuperaré algo de la infancia o envejecí, no sé, pero al releer su maravilloso librito mi fervor fue distinto: esta vez asiento a cada una de sus voces con toda mi sangre y, lo que es extraño: su libro es el más solitario, el más profundamente solo que se ha escrito en el mundo y no obstante , releyéndolo a medianoche, me sentí acompañada o mejor dicho amparada. Y también asegurada, tranquilizada, como si me hubieran dado la razón en la única cosa que yo rogaba tenerla. Volviendo al tema de París: lo que me calma de aquí es vivir sola, sin familia, viendo a la gente sólo cuando lo deseo. Esto es muy importante para mí. Necesito del silencio (o tal vez es el silencio que me necesita). "Has venido a este mundo que no entiende nada sin palabras, casi sin palabras". Esta frase se reitera en mí y canta en mí con extremada frecuencia. En verdad, no hago más que pensar en el silencio. Y he terminado preguntándome si el silencio existe. Pero si lo pregunto ya no hay silencio.
Si alguna vez desea escribirme algunas líneas me dará usted una muy alta alegría, me hará un gran bien. Por mi parte lamento que no haya llegado aún ese instante privilegiado en el que quería hablarle y preguntarle de una manera más hermosa que ésta de ahora. Pero como no tengo tanta paciencia aquí va esta carta y el más cariñoso abrazo de Alejandra Pizarnik.

jueves 21 de enero de 2010

Vos no sabés qué es el amor, Raymond Carver

Vos no sabés qué es el amor, Raymond Carver

(una tarde con Charles Bukowski)

Vos no sabés qué es el amor
dijo Bukowski
tengo 51 años
y estoy enamorado de esa pendeja
me pegó fuertísimo
pero no te preocupés
ella también está enganchada
así debe ser mi viejo
yo me les meto en la sangre
y ya no pueden olvidarme
Tratan de alejarse
pero finalmente vuelven
todas ellas vuelven
salvo ésa
que dejé plantada
Me hizo llorar y mucho
bueno en realidad
en esos días
tenía la lágrima fácil
Por favor
no me dejes tomar bebida blanca
me pongo mal –me vuelvo despreciable
Yo podría sentarme con Uds.
hippies queridos
y chupar cerveza toda la noche
sí diez latas o más de esta cerveza, y nada –todo bien es como agua
Pero si tomo licor empiezo a tirar gente por la ventana
ya lo he hecho
Vos no sabés qué es el amor
Porque no te has enamorado
así de simple
yo tengo esta mina joven
que es muy, muy hermosas
Ella me llama Bukowski
Bukowski repite con su voz
suave y melodiosa
yo le contesto QUÉ
Vos no sabés qué es el amor
te estoy tratando de explicar
y no me escuchás
Si el amor irrumpiera en esta habitación
y les pateara el culo
ninguno de Uds.
podría reconocerlo
En una época pensaba
que las lecturas de poesía
eran un modo de entregarte
Mirá yo tengo 51 años
conozco algo la calle
sé que significa una lectura
pero me dije Bukowski
cagarte de hambre
es la peor de las entregas
Entendéme nada es lo que debiera ser
Ese tipo –cómo se llama
sí ese tal Galway Kinnell
ví su foto en una revista
Tiene su pinta
pero es profesor
Cristo Dios imagináte eso
Pero Uds. También enseñan
y yo ya estoy insultándolos
qué voy a hacer
No -no sé quién es
y ese otro menos
Todos son insectos
egos desproporcionados
Yo ya no hago muchas lecturas
pero ésos que construyen
una reputación
basada en 5 ó 6 libros
son todos unos insectos
BUKOWSKI dice ella
Por qué escuchás
música clásica todo el día
Eso te sorprende
no imaginás a una bestia como yo
escuchando música clásica
todo el día
Brahms Rachmaninoff Bartok Telemann
Carajo no puedo escribir en esta casa
Demasiado silencio muchísimos árboles
prefiero el centro de la ciudad
ése es mi ambiente natural
pongo mi radio en FM y la música
la música clásica fluye toda la mañana
y me siento frente a la máquina
y enciendo un habano
y lo fumo así de esta manera
así
INTENSAMENTE
Me digo Bukowski
sos un tipo con suerte
Bukowski viviste todo
sos un viejo con suerte
El humo azul flota
en la habitación y yo miro
a través de la ventana
observo la avenida Delongpre
Veo a muchas personas
caminando por las veredas
Apago el cigarro
aspiro profundamente
y comienzo a escribir
Bukowski esto es vida
Pienso
es bueno ser pobre
es bueno tener hemorroides
es bueno estar enamorado
Pero vos no sabés lo que es
Vos no sabés qué es el amor
Si la vieras comprenderías
todo lo que te quiero explicar
Ella imaginó
que fui a su casa
a encamarme
Ella adivinó mis intenciones
me lo dijo
Mierda tengo 51 años
ella sólo 25 y estamos enamorados
Ella es sumamente celosa
Jesús esta es la belleza total
Me dijo
que me arrancaría los ojos
si yo salía con otra mujer
Entendés esto es el amor
Que saben Uds.
Les voy a contar algo
he conocido a tipos en la cárcel
que tienen más estilo
que las personas
que vienen a esta universidad
a las lecturas de poemas
Son chupasangres
que quieren comprobar
si las medias del poeta
están limpias
si usa desodorante
Creánme no intento defraudarlos
Quiero que recuerden algo
en esta habitación hay un solo poeta
sólo un poeta esta noche en la ciudad
y ese poeta soy yo
Qué mierda saben Uds. de la vida
Qué saben de cualquier cosa
A quién de Uds. lo echaron del trabajo
Quién fajó a su hembra
A quién lo apaleó su hembra
A mí por ejemplo
me echaron de Sears Roebuck
cinco veces
y me recontrataron otras tantas
Trabajaba en los depósitos
ya tenía 35 años
y me echaron porque creían
que yo robaba galletitas
Sé de qué se trata
Estuve ahí
Tengo 51 años ahora y estoy enamorado
Esta pendeja me dice
Bukowski
le contesto siempre
QUÉ
Tenés la cabeza llena de mierda
BEBÉ vos sí que me comprendés
Ésta es la única hembra
hombre o mujer en este mundo
de la que aceptaré
comentarios de esta índole
Vos no sabés qué es el amor
Todas vuelven finalmente
salvo ésa de la que ya te hablé
Estuvimos juntos siete años
y nos chupamos todo absolutamente
Hay un par de dactilógrafos
esta noche en esta habitación
pero escasean los poetas y no me sorprende
Tenés que conocer el amor para escribir poesía
y….
Vos no sabés qué
Ése es tu problema es el amor
Dame un poco de eso puro sin hielo
Bueno ya es hora de comenzar el espectáculo
Sí si ya sé lo que dije
Sólo un trago más
tiene buen sabor
Vamos quiero terminar esta lectura temprano
Y después no se descuiden
no se acerquen a las ventanas
Raymond Carver

miércoles 20 de enero de 2010

La Maratón, Mario Torres


LA MARATÓN


Mi interés por los deportes fue tardío. A la escasa habilidad se sumaba la falta de motivación del profesor de Educación Física, quien nos separaba de acuerdo a la aptitud, tocándome siempre el grupo de los menos dotados o “marlaje” al decir de mis queridos compañeros.
Recién a los 28 se me dio por practicar alguna disciplina en forma –valga la redundancia- disciplinada. Comencé con el ciclismo, más adelante me dediqué al fútbol y esporádicamente al pedestrismo, llegando a correr unos l2 km, por la ruta que va de San Luis a Mercedes. El aire puro y sentir que se desintoxicaban los pulmones era el mayor incentivo, entonces.
Pasó el tiempo. El lugar de residencia cambió, también la motivación producto del precalentamiento antes de los partidos de fútbol. Noté que mi resistencia al cansancio iba en aumento. Alguien del grupo dijo:” ¿que te pasa, queres ganar la maratón?
-¿Cuál maratón?
-La que se corre desde Las Rosas hasta acá.
-Cierto. Estuve tanto afuera que me había olvidado. No es mala idea.
-No sé si llegas…no es lo mismo que dar cinco vueltas a la cancha.
-Siete, y puedo dar muchas más.
-Buscate alguien que te haga gamba si estás tan decidido.
-Tendría que ser alguien que ya haya corrido.
Así fue que di con mi compañero de maratón, luego de preguntar teniendo en cuenta edad, resistencia, etc.
Convinimos en que el objetivo era llegar. No obstante al notar rápidos progresos pensé en otra cosa.
Mirá, dejame ir a mi ritmo, creo que puedo dar una sorpresa.
No te matés, vamos despacio, que es mejor. Tené en cuenta que esta es la tercera vez que corro.
Vos dejame.
Llegó el día. Una hora antes nos encontrabamos en el lugar. Un buen precalentamiento es esencial. Largamos. La barra de amigos se hacía sentir. No aceptaba el agua que me ofrecían para no demorarme. No aflojé en las subidas. Apuré el tranco en las bajadas.
Iba bien posicionado en mi categoría cuando faltando 2 km. decidí jugarme. Con el primer impulso pasé a dos de mis competidores. Los tres primeros estaban a menos de cien metros; tome aire, inundé mi mente de pensamientos positivos; hice mi último esfuerzo. Y entonces sucedió. Un chicotazo y la certeza de que no había como lidiar con ese maldito calambre. Entre las voces de los que me alentaban a seguir y las que me pedían que desistiera, con el peligro de un desgarro, no terminaba de decidirme.
-Te dije, seguí caminando, no te arriesgues. Sentí la voz de mi amigo. Me había alcanzado. Entonces ¿Qué sucedía? Vi la linea de llegada. Cuando la traspuse me desvanecí. En la ambulancia me dieron oxigeno. Los sentía hablar
-Este ya no tiene remedio.
-Preguntale.
-Oiga, jefe ¿No le gustaría donar sus órganos?
Como pude me incorporé y manoteando abrí la puerta. Afuera mi amigo gritaba.
-¡Siempre tan empecinado¡ Espera por lo menos que te suba la presión!
-¡Por favor, llevame a casa! ¡Ya!
Estuvo por decir algo, pero al ver mi rostro, me tomo por debajo de su hombro, sin hacer caso al enojo de médicos y enfermeros.
No me creyó lo sucedido en la ambulancia.
-El agotamiento hace confundir las cosas. Quizás dijeron algo parecido, tipo “¿están bien sus organos vitales?. Trataba de explicarme, o explicarse.
Eso sí desde ese día mi amigo dejó de correr.
Yo sigo firme. Despacio. Un vecino que cree en los fenómenos extraterrestres me explica que estuve a punto de ser abducido por alienígenas, que parece que se apoderan de las ambulancias en todos los eventos deportivos con ese fin; y que algo parecido le pasó a un pariente que desapareció de su casa por tres meses. Como es solidario, me acompaña a corta distancia con su Peugeot.

Mario Torres, Villa Dolores, Traslasierra, Córdoba, Argentina

martes 19 de enero de 2010

Witold Gombrowicz y Immanuel Kant, Juan Carlos Gómez (Gombrowiczidas)

WITOLD GOMBROWICZ Y IMMANUEL KANT, JUAN CARLOS GÓMEZ (GOMBROWICZIDAS)

Andamos dando vueltas alrededor de los rastros que dejaron los filósofos en la obra artística de Gombrowicz. Algunas huellas ya encontramos, de Heidegger en "Cosmos" y de Hegel en "Opereta", pero debe haber más. El primer amor filosófico que tuvo Gombrowicz fue Kant, a los quince años ya le echaba una mirada de vez en cuando a la "Crítica de la razón pura" de la que conservó notas que había escrito sobre los juicios sintéticos a priori. También intentaba entender algo de "Prolegómenos a toda metafísica futura", una obra que revelaba la importancia fundamental de ese "yo" tan maltratado en Polonia.
Pero encontrar relaciones entre un hombre tan serio como Kant y un hombre tan poco serio como Gombrowicz es una tarea bastante difícil. Es seguro sin embargo que Kant no era una persona totalmente seria, pero el acceso a su inmadurez y a sus suciedades le resultaba imposible a Gombrowicz, le estaba vedado al propio Kant.
Es un misterio cómo el Kant niño se transformó en el Kant filósofo, pero no está de más recordar que el desarrollo de la cultura y de la ciencia tiene mucho de ligero y de caprichoso.
Gombrowicz empieza el curso de filosofía que dicta en su casa de Vence hablando de Kant al que le dedica más tiempo que a los otros filósofos, en esas lecciones que son interrumpidas dramáticamente, primero por la enfermedad y después por la muerte. De los pensadores que integraron esas lecciones Kant fue el de origen más modesto, el que menos viajó, uno de los más longevos, el menos exagerado, y el más grande. Cuando murió sus conciudadanos le rindieron los mismos honores que se le rendían a los príncipes cuando fallecían.
Antes de descubrir en qué obra de Gombrowicz aparece Kant vamos a dar un breve paseo por la filosofía de este maestro. La actitud idealista iniciada con Descartes basaba el razonamiento filosófico sobre la convicción de que los pensamientos nos son más inmediatamente conocidos que los objetos de los pensamientos. Sin embargo, en todos los pensadores anteriores a Kant, quedaba siempre un residuo de realismo que recaía en una existencia trascendente, en la existencia en sí de algún elemento fundamental como el espacio, Dios, el alma, las mónadas... Kant trata de terminar definitivamente con la idea del ser en sí. Para el conocimiento que nos da la razón el ser no es en sí, es un ser para ser conocido, puesto por el sujeto pensante como objeto del conocimiento.
Kant se encuentra en el cruce de las tres corrientes ideológicas más importantes del siglo XVIII.
Por un lado existía la corriente del racionalismo de Leibniz que distingue entre verdades de razón y verdades de hecho y cuyo ideal es estructurar el conocimiento científico como una malla de verdades de razón. Por otro lado la corriente del empirismo de Hume con sus reflexiones sobre las percepciones y sobre las conexiones no causales de los hechos. Y finalmente, la corriente constituida por la ciencia positiva físico matemática de Newton. El pensamiento de Kant huele mucho más a Newton que a ninguna otra cosa, es por eso que su sistema filosófico es imponente pero no exagerado. Newton había puesto en caja a todos los fenómenos de la naturaleza con su desarrollo de la mecánica racional, un sistema grandioso y seguro, alejado de las quimeras. Kant tiene en la mano pues todas las cartas de la ideología de su tiempo..

La vida que llevó Kant ha pasado a la historia como un ejemplo de existencia metódica y rutinaria. Acostumbraba a dar un paseo vespertino todos los días, a la misma hora y con idéntico recorrido, al punto que llegó a convertirse en una especie de señal horaria para sus vecinos. La filosofía necesitaba de una teoría del conocimiento y de eso escribe en "Prolegómenos a toda metafísica futura". La diferencia fundamental entre Kant y sus predecesores es que mientras estos hablan del conocimiento de una ciencia que se estaba estableciendo, Kant habla de la ciencia físico matemática de Newton ya completamente establecida.
El hecho de la razón pura es pues el hecho de la ciencia físico matemática de la naturaleza que está compuesta de juicios en los que, en resumidas cuentas, algo se dice de algo. Estos juicios son el punto de partida de todo el pensamiento de Kant, son enunciaciones objetivas acerca de algo, son juicios que se dividen en dos grandes grupos: los analíticos y los sintéticos.
Y esta clasificación nos lleva de la mano a "Filifor forrado de niño", y a cómo Kant se metió dentro de una novela corta de Gombrowicz.
Los juicios analíticos son aquellos en los que el predicado está contenido en el concepto del sujeto. Contrario sensu, en los sintéticos no está contenido. Son sintéticos porque unen sintéticamente elementos heterogéneos en el sujeto y en el predicado. Los juicios analíticos son verdaderos porque son tautológicos, son juicios de identidad. En cambio la verosimilitud de los sintéticos proviene de la experiencia, de la percepción sensible. Los juicios analíticos son verdaderos, universales y necesarios, por lo tanto no pueden tener origen en la experiencia, son pues a priori. La validez de los juicios sintéticos es, en cambio, limitada a una experiencia, son juicios particulares y contingentes, son entonces a posteriori.
La vida que llevó Kant ha pasado a la historia como un ejemplo de existencia metódica y rutinaria. Acostumbraba a dar un paseo vespertino todos los días, a la misma hora y con idéntico recorrido, al punto que llegó a convertirse en una especie de señal horaria para sus vecinos. La filosofía necesitaba de una teoría del conocimiento y de eso escribe en "Prolegómenos a toda metafísica futura". La diferencia fundamental entre Kant y sus predecesores es que mientras estos hablan del conocimiento de una ciencia que se estaba estableciendo, Kant habla de la ciencia físico matemática de Newton ya completamente establecida.
El hecho de la razón pura es pues el hecho de la ciencia físico matemática de la naturaleza que está compuesta de juicios en los que, en resumidas cuentas, algo se dice de algo. Estos juicios son el punto de partida de todo el pensamiento de Kant, son enunciaciones objetivas acerca de algo, son juicios que se dividen en dos grandes grupos: los analíticos y los sintéticos.
Y esta clasificación nos lleva de la mano a "Filifor forrado de niño", y a cómo Kant se metió dentro de una novela corta de Gombrowicz.
Los juicios analíticos son aquellos en los que el predicado está contenido en el concepto del sujeto. Contrario sensu, en los sintéticos no está contenido. Son sintéticos porque unen sintéticamente elementos heterogéneos en el sujeto y en el predicado. Los juicios analíticos son verdaderos porque son tautológicos, son juicios de identidad. En cambio la verosimilitud de los sintéticos proviene de la experiencia, de la percepción sensible. Los juicios analíticos son verdaderos, universales y necesarios, por lo tanto no pueden tener origen en la experiencia, son pues a priori. La validez de los juicios sintéticos es, en cambio, limitada a una experiencia, son juicios particulares y contingentes, son entonces a posteriori.
Si la ciencia estuviera constituida por juicios analíticos solamente, por verdades de razón, la ciencia sería vana, y si estuviera constituida por juicios sintéticos, por enlaces casuales de hechos como piensa Hume, no sería ciencia, sería una costumbre sin fundamento. Pero la ciencia físico matemática de Newton no es ni tautológica ni está compuesta de hechos de conciencia casuales. Los juicios de la ciencia tienen que ser a priori, es decir, universales y necesarios, como los analíticos sin ser analíticos, y también tienen que ser sintéticos, es decir, deben aumentar nuestro conocimiento sobre las cosas. Los juicios de la ciencia deben ser pues sintéticos y a priori, y lo son, tanto en la matemática como en la física. No es el caso aquí de poner ejemplos ni de hacer demostraciones, pero sí podemos preguntarnos cómo son posibles estos juicios, y si son posibles en la metafísica.
Kant llega a la conclusión de que el espacio y el tiempo son formas de nuestra sensibilidad que hacen posible la existencia de los juicios sintéticos a priori en la matemática, la condición primera para que las cosas puedan ser conocidas. Pero la ciencia humana no es sólo matemática sino también física, determina la forma de los objetos pero también tiene que determinar las leyes que rigen la aparición y la desaparición de los fenómenos mismos, es decir, el conocimiento a priori de los objetos reales. Las leyes que se anuncian en la mecánica racional no son derivadas de la experiencia sino de nuestro propio pensamiento. Mientras la intuición del espacio y del tiempo hace posible la forma de los objetos, las doce categorías del conocimiento hacen posible la realidad, son las condiciones de existencia de los juicios sintéticos a priori en la física.
Las condiciones del conocimiento son al mismo tiempo las condiciones de la objetividad, es lo que Kant llama la inversión copernicana. Las condiciones de la objetividad no nos pueden ser enviadas por las cosas mismas pues las cosas sólo nos envían impresiones, entonces son las cosas las que se deben ajustar a nuestros conceptos. Para redondear este paseo por los juicios sintéticos a priori de las lecciones que Gombrowicz les dio a la Vaca Sagrada y al Hasídico, el curso de filosofía más extenso que dictó y también el de menos concurrencia, vamos a decir que los objetos del mundo material sirven tan sólo como materia pura a partir de la cual se nutren las sensaciones. Los objetos, en sí mismos, no tienen existencia, y el espacio y el tiempo pertenecen a la realidad sólo como parte de la mente, como intuiciones con las que las percepciones son medidas y valuadas.
Las formas de la sensibilidad, el espacio y el tiempo, más las doce categorías del conocimiento cuya reina es la causalidad, al punto que Schopenhauer suprimió las otras once en su obra fundamental, hacen posible la existencia de los juicios sintéticos a priori en la matemática y en la física. Este tipo de juicios no son posibles en la metafísica, pero ésta es harina de otro costal, nosotros vamos a detenernos aquí.
La existencia de estos dos mundos opuestos de los juicios analíticos y de los juicios sintéticos pusieron en marcha la imaginación de Gombrowicz, le empezaron a rondar la cabeza y a los treinta años los metió en "Filifor forrado de niño". "Filifor forrado de niño" es uno de los dos relatos cortos que Gombrowicz incluye "Ferdydurke".. Escrito, como Filimor, en 1934 es presentado en el libro con un prefacio, uno de cuyos pasajes se convirtió con el tiempo en el manifiesto ferdydurkista.
Esta novela corta es una muestra del talento que tiene Gombrowicz para componer estructuras lógicas con elementos absurdos. El aparato formal que había puesto en movimiento era , en buena parte, de su propia cosecha. Cuando le preguntaron qué significaba "Filifor forrado de niño" respondió que era una historia que convocaba a la lucha a dos partes antitéticas alrededor de un eje central, en la que triunfaba la función sobre la idea. Pero no dijo que la fuente de su inspiración habían sido los juicios analíticos y sintéticos de Kant.
El príncipe de los sintéticos, el señor Filifor, doctor en sintesiología, era un hombre corpulento, de barba hirsuta y anteojos gruesos, que viajaba por el mundo impartiendo lecciones magistrales de síntesis.
Un fenómeno espiritual de tanta magnitud debía suscitar en la naturaleza, en acuerdo con el principio de acción y reacción, un fenómeno de igual magnitud y de sentido contrario: anti-Flifor, un eminente analista, doctor en análisis superior, hombre menudo y hosco cuya única misión era perseguir y humillar al magnífico Filifor. Se especializaba en la descomposición del individuo reduciéndolo a partes por medio de cálculos y papirotazos. Accediendo al llamado de su vocación obtuvo el título nobiliario de anti-Filifor del que estaba muy orgulloso.
Cuando Filifor se enteró de que anti-Filifor lo estaba persiguiendo comenzó él también a perseguirlo, pero durante algún tiempo se persiguieron en vano pues el orgullo no les permitía admitir que eran perseguidos.
Juan Carlos Gómez (Gombrowiczidas)