Entrevista a Jack Kerouac por Al Aronowitz*, Traducción de Griselda García
Está vestido con una gruesa camisa de trabajo de franela, de esas que siempre parece usar en las solapas de sus libros, pantalones grandes y zapatos viejos, y su cabello despeinado y negro se agita en la silenciosa luz del sol de Febrero. Parece como si acabara de salir de una de sus novelas, o como si estuviera por volver a una de ellas, recogiendo algodón, quizás, en un campo de California junto a su novia y su pequeño hijo, que recogía algodón más rápido que él, cortándose los dedos tratando de ganar un día de comida para tres y una noche de amor para dos, un amor que lo había llevado a una vida que sólo un pobre mexicano podía soportar, tan tierno y feroz como todos sus otros amores, e igual de corto y agitado.
O tal vez corriendo para ocupar su puesto de guardafrenos del tren de la Southern Pacific, corriendo como el as de fútbol que una vez fue; quizás llegando justo a tiempo para ir aparentemente hacia ninguna parte, pero siempre yendo hacia algún lugar, andando en autos, en una góndola abierta al calor del verano, o en el frío amargo, en ocasiones contagiándose de un resfrío, pero nunca de la amargura. O tal vez fumando marihuana, con la misma ropa en una fiesta de la sociedad en Denver, confundiendo a la gente de la fiesta, seguramente borracho en forma mucho menos sofisticada que la borrachera de licor de ellos, pero mucho más lucido; o quizás fumando en un burdel camino a Ciudad de Mexico, el humo convirtiendo al burdel de un lugar donde los cuerpos son rebajados a un lugar lleno de carnal encantamiento.
O tal vez sentado como guardabosques, solo durante dos meses en un aislado pico de montaña llamado Desolación, cantándole canciones de Frank Sinatra a las estrellas arriba, y a los cañones debajo, y escuchando cómo ellos le contestan.
O tal vez corriendo de un lugar a otro, desde el Este hasta la Costa Oeste, a veces en coches de 90 millas por hora, a veces en autobuses más lentos, en ocasiones parado en la parte trasera de un camión, junto con otros que hacían dedo, riendo, orinando al viento, cagándose en los que escupían sobre la Generación Beat, el viento se los llevaría lejos.
Está parado junto al camino frente a su casa, no tan simbólico como otros que ha andado, sin pavimentar, llevando una bolsa de compras más alta que él.
"Cerveza", dice Jack Kerouac. "Refrescos para la tarde. Pasen." Señala el camino con una ligera sacudida del mentón que deja su cabello en otra forma de desorden, y camina a través de la puerta trasera de la cocina. En la puerta está su madre, sonriendo alegremente, con anteojos de sol y un delantal largo, medias de lana y una vincha en la cabeza.
"Dorothy Killgallen escribió en su columna que vivo en una mansión de treinta mil dólares en Long Island" dice Jack, con la cara y la voz jóvenes, llenas de un placer extraño y amistoso. "¿Parece una mansión de treinta mil dólares? Si pagué treinta mil dólares por esto, seguro que me estafaron, ¿no? Solo pagué catorce mil", y en la palabra 'catorce' pone una voz de barítono, haciendo que suene baja y misteriosa.
"Este ni siquiera es nuestro mobiliario", dice su madre, una mujer baja, menuda de 64 años, con ese acento casi indefinible que tienen los franceses-canadienses. "Estos muebles vinieron con la casa. Siempre publican cosas sobre Jack que no son ciertas, ¿sabés?, sobre la Generación Beat y la delincuencia juvenil. Todos dicen '¡Generación Beat! ¡Son delincuentes juveniles!' Pero él es un buen muchacho, un buen hijo. Nunca fue un delincuente juvenil. Lo sé, soy su madre."
"Sí", agrega él. "Somos de clase media, siempre lo fuimos. Somos de clase media como vos." Se ofrece a llevarnos de excursión por la casa. Los muebles son claramente de clase media y a pesar de no a haber sido de ellos desde el principio, parecen haber salido de su libro Dr. Sax, su niñez y adolescencia en las grandes vecindades de departamentos de Lowell, Massachusetts, hijo de un imprentero que también trabajaba como operador en un bowling, Jack jugaba a las bolitas, coleccionaba comics, imitaba a La Sombra y no se perdía ninguna de las películas más importantes de los años '30, ignorando hasta mucho después que los gags de Harpo Marx eran en realidad visiones kafkianas sobre la civilización contemporánea.
"Conseguimos la casa a través de un agente estatal", dice. "Vimos un aviso en el New York Times y la compramos", y pronuncia 'compramos' con un acento heredado de Lowell, aunque en otros aspectos de su habla, su acento y sus ritmos ondulantes lo hacen parecer del Oeste. "Se la compramos a los Eddy, George Eddy y Mona Kent Eddy, habrás oído hablar de ella, escribió la serie radial Portia Faces Life. Es muy famosa. También pinta. Me regaló esta pintura para Navidad." Camina hacia una pequeña tela enmarcada en el comedor y la mira un momento. "Mirá eso, ¡eh!". Después, da la vuelta y sigue caminando por la casa.
"Todos piensan que como tengo un par de libros publicados soy millonario. Solo gané, con suerte, unos veinte mil dólares, y me compré esta casa. Pasé años sin publicar nada, y de repente soy millonario. Pero nadie habla de esos ocho años en que no tuve más dinero que el que ganaba en el ferrocarril."
En la cocina, su madre, con una amabilidad que parece haber conservado a través de los años, saca las cosas de la bolsa de compras, acomodando las latas de cerveza dentro de uno de los muchos armarios. Rápidamente, él rescata lo que puede de la bolsa y dice: "Le debo todo a ella. Vamos arriba. Tomemos una cerveza mientras hablamos."
"Vayan", dice su madre. "¿Si veo la tele los interrumpo?", pregunta y se sienta a ver un show de preguntas de la tarde.
"Yo también veo televisión", dice él, que va adelante, subiendo la escalera, "San Francisco Beat, ¿viste? Esa serie con dos policías grandotes corriendo a beatniks barbudos. Sí, la pasan en la tele, y los beatniks siempre tienen armas y golpean a los policías." Ríe entre dientes y agrega: "Nunca supe que los beatniks llevaran armas. Y conocí a Truman Capote. El decía... (imita la voz en un tono agudo): 'Ellos no escriben, tipean'.
Una de las habitaciones de arriba ha sido transformada en estudio, con escritorio, máquina de escribir, grabador, libros y papeles, todo prolijamente acomodado. Tiene vista al camino.
"No duermo acá", dice, señalando la cama. "Duermo en otro cuarto, con las ventanas abiertas en invierno y verano. Tenemos muchos cuartos, así que los usamos todos. A veces me gusta dormirme tarde... no levantarme hasta el mediodía, o la una... nunca creí que fuera a hacer dinero escribiendo, aunque... en primer lugar, el arte es un deber. Es una vieja teoría mía que copié en mis cuadernos de adolescente, tomada del sagrado diario de Dostoievski. En una palabra, cuando escribí mis libros, lo hice como una especie de tarea sagrada y pensé que mis manuscritos iban a ser descubiertos después de que hubiera muerto, nunca pensé que podrían llegar a tener valor..."
Una noche de 1957 estuvo leyendo sus poemas en el sótano de un club nocturno, el Village Vanguard y salió en los diarios. Va hacia un vestidor cerca de la cama y abre un cajón. Adentro, en vez de ropa interior o sábanas, hay varias pilas de recortes de diarios, sobre campeonatos de fútbol de 1939 donde mencionan su nombre, y algunas críticas de sus libros.
"Esa vez estuvo bien, pero creo que estaba borracho", dice. "Ya no puedo ver más estas cosas". Luego de una pausa su voz se hace brillante: "Voy a mudarme a Florida. Conseguiré una casa de campo, cerca de lo de mi hermana... a unas diez millas. Acá estoy demasiado cerca de Nueva York. Me llegan telegramas... hoy por ejemplo, debería haber llamado a Life. Estoy harto de tratar con periodistas con el cerebro lavado que creen que las malas noticias son mejores que las buenas o perderán su trabajo. Se construyen su propio infierno."
"¿Esa vez en el Vanguard? Me había emborrachado con pernod. Era un domingo a la tarde y me hicieron leer por segunda vez un fragmento de En el Camino que no quería repetir. Lo horrible de esa tarde, ¿sabés?, lo que realmente me molestó, fue que apareció un viejo compañero de la secundaria, Dick Sheresky, que ahora es dueño de varios restaurantes en Nueva York, ¿lo conocés a Sheresky? Bueno, no lo había visto en años, y se acerca y yo en vez de decirle 'Dick, ¿qué hacés?', le digo (su voz se imita a sí mismo en un tono jocoso y burlón): 'Oh, Dick, schmick'.
Él respondió: 'Esa es buena'. Él era el ingenioso en la escuela, el tipo más gracioso. Me invitó otro pernod. Yo no fui amable con 'él ni con el amigo. Su amigo se volvió hacia mí y me dijo: '¿No creés que En el Camino es una broma?'. Yo le respondí: 'Ahhh, ¡todo es una broma!', y me fui."
"¿Si era budista en ese entonces? Bueno, no podría, un budista tiene que estar solo", se ríe de la idea. "¡Un budista nocturno!". Reflexiona un momento y agrega: "Bueno, sí, era budista..."
Esa tarde en el Village Vanguard también leyó una selección de The Evergreen Review, una historia llamada October in the Railroad Earth.
"Puedo escribir así", dice con entusiasmo rápido y seguro. "En realidad, tengo un buen método para eso. Es la escritura espontánea. Espontánea y antes del desayuno. Ahí es cuando estás realmente fresco. Tenés que tener una buena máquina de escribir. Apenas si pude dormir cuando escribí eso. Casi ni podía hablar. Un viernes del '53. Lo que leí es sólo la mitad. La otra mitad está sin tipear. Tuve que tipearla a doble espacio para los editores." Se ríe, y otra vez imita con su voz: "El viejo Capote decía: 'No escribe, tipean', pero es difícil hacerlo rápido, espontáneamente. No se puede hacer oración por oración... ¡las oraciones son bloques tambaleantes para el lenguaje! ¿Quién diablos comenzó con este negocio de las oraciones? Mirá a John Holmes, por ejemplo, lo he visto escribir. Él tipea muy rápido, pero se traba si no encuentra la palabra correcta. Yo no hago eso. Si no me sale la palabra adecuada, escribo bdbdbdbdbdb, o también bdbbduuuuuuuuuu. Justo ahora, estoy pasando a máquina otra de mis novelas. Señala hacia una gran masa de manuscritos. Visiones de Cody. Neal Cassady, es un amigo mío, de California. En el Camino trata sobre él. Es guardafrenos de la Southern Pacific. Visiones de Cody es realmente gigante y es esa que ves ahí. Vamos a publicar 38 ejemplares a siete dólares y medio cada uno. Edición limitada. Mirá, en mi escritura seria soy siempre Jack. Pero en todos los otros lugares los nombres están cambiados. Siempre dejo los mismos nombres, pero los editores los cambian. Ray Smith es Jack, Sal Paradise es Jack, Leo Percepied es Jack..."
"¿Los molesto?" pregunta.
"¡No!" responde él. "¡No! Entrá y decí algo."
"¿Qué debería decir?" pregunta ella. "¿Qué podría contarte? Tengo dos hijos. Mi hija está casada y vive en Florida. Y Jack no está casado. Tenía también otro hijo, más grande que él, pero murió. Gerard."
"Yo tenía cuatro años" dice Jack. "El tenía nueve. Ese es otro libro que escribí. Visiones de Gerard. En En el Camino escribí que tenía un hermano, pero en realidad era mi hermanastro."
"Hay un montón de cosas sobre las que él escribió en El el Camino que no son ciertas" dice su madre.
"No", insiste él. "Es todo verdad. Neal sabe que es verdad. Sólo los nombres están cambiados."
"Te digo algo," dice su madre, "El siempre ha vivido conmigo, excepto cuando está viajando. Quería escribir un libro, algo diferente, entonces un día me pidió permiso y se fue. Sin embargo, después de que el libro fue publicado, escribieron un montón de cosas feas sobre él, cosas que no son ciertas. Lo sé, soy su madre. Vivió conmigo toda su vida. De vez en cuando se va de viaje, navega hasta España, visita a sus amigos, ¿sabés?, durante algunos meses, pero vuelve, sabe que siempre tiene su hogar aquí conmigo, a menos que se case y se vaya a otra parte. Pero mientras quiera quedarse, está bien. Mientras él viajaba, yo trabajaba, ¿sabés?, cuando él se iba. Hice buen dinero, nunca le faltó nada. Si lo pedía, decía a dónde quería que se lo enviara, y ahí estaba siempre el dinero, se lo mandaba cada vez que lo necesitaba para comida, zapatos, ropa. Yo trabajaba."
"Trabajaba en una fábrica de zapatos" dice él.
"Sí, sacaba buen dinero," continúa ella, "Somos de clase media, siempre lo fuimos..."
"Somos burgueses" dice él.
"Nunca tuvimos lujos, ni cosas refinadas," agrega ella, pero siempre tuvimos un buen hogar, mucho para comer..."
"¡Bifes los domingos!" interrumpe Jack.
"Ropa nueva que él no usaba, es cierto," continúa ella, "Somos comunes, como cualquier otra persona, gente trabajadora, vamos a algún show una vez cada tanto, viajamos un poquito. Por lo que sé de él, nunca fue un delincuente, ni nada de eso. Que él viaje mucho no significa nada, ¿sabés?, él es realmente un buen muchacho, amable. Es amable con todos..."
"Eso era antes..." interrumpe él nuevamente.
"... y eso es todo lo que puedo decir," concluye ella. "Nunca se dejó la barba..."
"Clifton Beardman hacía en la TV a un tipo con barba en moto escribiendo a máquina mientras andaba."
"Hace dos años él me llevó a California," dice ella, "y paseamos por todos lados..."
"La llevé a Berkeley, a donde vivía yo."
"Ahí conocí a algunos de sus amigos," dice ella. "No me parecían malos, ninguno de ellos hizo nada desagradable, incluso uno de ellos, Philip Whalen, era muy amable. Buenos, todos eran muy educados. ¿Sabés?, cuando Jack escribió el libro El Pueblo y la Ciudad, se vestía como si fuera un ladrón de bancos..."
"No gané casi nada de dinero con ese libro", dice él. "Sólo dos mil, tres mil dólares."
"No, fue más que eso," dice ella. "Cuatro mil, fue cuando fuiste a Denver."
"Pasé tres años escribiendo El Pueblo y la Ciudad." dice él. "Tardé veintiún días en escribir En el Camino. El Pueblo y la Ciudad fue mi primer libro, una especie de novela. Tenía personajes, desarrollo, todo eso. Era básicamente ficción. La ficción no es otra cosa que soñar despierto. Mirá lo que hice con El Pueblo y la Ciudad: le di a mi madre una casa grande y linda, tres hijas mujeres para ayudarla a lavar los platos, me di a mí mismo cuatro hermanos para que me hicieran compañía, para que me protegieran. ¡Bah!¡Es soñar despierto! La mejor manera de escribir es usar gente y cosas reales. Si no, ¿cómo vas a a llegar a la verdad?"
"Cuando él murió," dice Jack, "yo estaba trabajando en un capítulo, y creí que estaba roncando en el cuarto de al lado, ¿sabés?, un ronquido fuerte..."
"No era un ronquido, " interrumpe ella, "era un..."
"Era un estertor de muerte," dice él, "pero yo estaba escribiendo a máquina, y por eso no lo escuché. Y eso... eso fue terrible. Fui a verlo porque había dejado de roncar, y crei que estaba durmiendo..."
"Tenía 55 años" dice ella.
"57" corrige él.
"¿En serio? Creí que tení 55." dice ella.
"Cáncer en el bazo" dice él.
Su rostro se instala en la tranquilidad de la tristeza recordada, de pensamientos enterrados en la mente por diez años, pero la mente es una tumba poco profunda.
"Bueno, como sea," dice su madre, "quiero mostrarte algo. Es muy simple, sólo tomará un minuto." Camina seis pasos y entra en la habitación de su hijo.
"Si fuera tan malo," dice, señalando un crucifijo de plata sobre la cabecera de la cama, "¿tendría eso? ¿y aquello?", señala un rosario sobre la mesa de luz. "Solía usarlo en el cuello, pero se rompió. Está bendecido por los monjes".
Jack está parado mirando, sosteniendo su segunda o tercera lata de cerveza, parece la imagen de una publicidad. Señala una luz sobre la cabecera de la cama con una pequeña cadena para encenderla, y un anotador sujeto a la pared.
"Esto lo hice yo," dice, tirando de la cadena para encender la bombilla, saca el anotador de su gancho, que también tiene un lápiz. "Lo uso para escribir los pensamientos que surgen en sueños. Los escucho en sueños, me despierto, enciendo la luz y los escribo. Como en El Viejo Ángel de Medianoche, ¿sabés?"
Leo lo que está escrito en la hoja superior, el mensaje de la noche anterior.
'Ve, dile a la ceniza con el pez, que todo lo que necesita es iluminador... el deseo del hombre, que también está grabado en el cielo, extraño deseo... la muerte hace una parada en su propia oscuridad. Puedo obtener más gracia de un moco de nariz, verruga del cerebro...'
"Oh, por dios...," dice su madre, "¿quién entiende estas cosas? Yo no."
"Bueno," dice él, "significa que estoy loco, que no tengo suficiente gracia, que puedo obtener más gracia de un moco de nariz, de una verruga del cerebro, que la que obtengo del cielo..."
"Bueno, ¿qué significa eso?" pregunta ella.
"Es un pensamiento religioso," dice él y canturrea: "moco... nariz... verruga... cerebro... son pensamientos del sueño. Los escucho en un sueño y me despierto."
"Sos peor que yo," dice ella. "Cuando sueño con algo, siempre son cosas lindas."
El traga un sorbo de cerveza y otra vez comienza a balbucear frases para sí, más pensamientos, pensamientos del sueño tal vez, en mitad del día. Mira por la ventana, hacia el camino, con expresión abstraída. Es una visita, no del Viejo Ángel de Medianoche, ni del Viejo Ángel de la Luz del Día, sino de la Musa. Parece tener muchos ángeles y, a juzgar por el número de cajones en el escritorio, parece tener muchas visitas de la Musa. Murmura, con un sonido sólo inteligible para él mismo, varias frases de su imaginario privado, que una vez escritas serán inteligibles para tantos otros, aquellos que en los cafés de New York y en los bares del Norte de San Francisco lo han beatificado llamándolo San Jack.
"Yo no leí todos sus libros." dice su madre. "Una vez me dijo que si leía En el Camino me iba a enojar con él, así que leí hasta la página 34 y lo dejé. No me enojé con él entonces, pero un día cuando esté más tranquila lo leeré."
"Ella sí puede leer Los Vagabundos del Dharma," dice él, "ese es lindo. Pero le dije que no leyera por ningún motivo Los Subterráneos... Mi hermana lo leyó. A ella le gusta todo lo que hago."
"Es una buena chica," dice su madre, "maravillosa chica. No se parece a él. ¡Son como el día y la noche!"
"Escribí Los Vagabundos del Dharma después de que saliera En el Camino. Le dije a los de Viking que les daría otro libro. Malcolm Cowley, mi editor, dijo: 'Por favor, escribí otro libro como En el Camino, de aventuras. Dejá de hablar de vos mismo.' Los Vagabundos del Dharma tiene partes buenas. Gasté quinientos dólares para volver a dejarlo en la forma en que lo había escrito originalmente. Los de Viking tomaron Los Vagabundos del Dharma y lo cambiaron, pusieron tres mil comas, cambiaron oraciones. Yo restauré todo a la forma original.... y me pasaron una factura de quinientos dólares. La factura decia 'alteraciones', pero la verdad es que fueron 'correcciones'. Quedó horrible. En el Camino vendió 20 mil ejemplares de tapa dura, y últimamente se vendieron 500 mil de tapa blanda..."
"Ejemplares de bolsillo, los llaman." dice su madre.
"De bolsillo, sí," dice él, "500 mil. A mí me pagan un centavo por ejemplar. Pero vendí Los Vagabundos del Dharma por 10 mil. Los Subterráneos vendió mucho menos porque se lo vendí a MGM por 15 mil. Debería haber arreglado por mucho más dinero..."
"Cuando leés los diarios, "dice su madre, "y ves que hay tipos que venden sus libros para películas por 100 mil..."
"165! "dice él, poniendo voz de anuncio de titulares. "No sé nada de negocios, pero fue el comienzo. Los Subterráneos está en todo el mundo, Japón, Argentina, todo el mundo lo conoce." Lo dice con emoción en la voz, mientras toma otra cerveza. "Quise vender los derechos de En el Camino, pero se negaron. Nadie toma la iniciativa de hacer la película porque creen que los derechos están vendidos, así que ni siquiera preguntan. Es más, pensé en poner un aviso en Billboard: 'EN EL CAMINO: EN VENTA'. Si obtuviera dinero con él, podría viajar a India, hacer cosas, todo gratis, ¿no? Y vos tendrías tu cheque." dice, volviéndose hacia su madre.
"Bueno, voy abajo," dice ella, "a prepararles unos sandwiches, sin carne, creo que les gustarán..."
"Pero termina tu historia..." dice él.
"¿Qué historia?" pregunta ella. "No tengo mucho más para contar, salvo que fui tu benefactora toda la vida" dice y se ríe. "Tengo 63 años ahora, cumpliré 64 la semana que viene."
"Y vamos a ir a Radio City." dice él.
"El tiempo vuela!" dice ella. "¡Dios! Los años pasan tan rápido después de los 60... Pero no me importa, si tengo buena salud, eso es lo principal. Ahora engordé un poco, ¿sabés? no siempre estuve tan gorda, pero dejé de usar fajas, y eso me hace ver más gorda..."
"Me acuerdo de esa tarde," dice él, "cuando el mayordomo filipino..."
"Oh, sí, ¡mi dios! " dice su madre, "me dieron un par de tragos muy fuertes. No sé lo que ocurrió."
"Estuvo delicioso," dice ella. "Tuvimos una cena maravillosa. Dejé a los hombres solos, toqué el piano, a pesar de que no toco muy bien. Despues bajé y bromeé con el mayordomo, el pequeño mayordomo..."
"Después empezamos…," dice él, "después mi madre y yo empezamos a vagar por las calles, parando en todos los bares, en la Quinta Avenida, la Avenida Scmifth... y después de ahí se suponía que tenía que encontrarme con un periodista de la revista Holiday, y llegué tarde..."
"Nunca volveré a hacer eso," dice su madre, "Yo acababa de llegar de Florida y recién nos habíamos establecido aqui, y como no había estado en New York mucho tiempo, me pasé de la raya..." dice ella y se ríe. "Tomé demasiado, a pesar de que, a mi edad, ¿sabés?, debería cuidarme. Pero la estaba pasando bien. Yo estaba con él... Sí, él bebe un poco, creo que un poco en exceso para su propia salud."
"Si estoy lejos de casa, bebo demasiado." dice él. "Acá no bebo mucho."
"Cuando vivíamos en Florida, "dice ella, "él no bebía nada, sólo a veces, los fines de semana, iba a comprar una botella pequeña, si teníamos visitas, venía mi yerno, tomábamos cerveza, vino. Pero aquí siempre hay alguien entrando y saliendo, y hay fiestas en los alrededores, ¡por dios! ¡un trago detrás de otro!"
"Vine acá para esconderme, ¿sabés?" dice él, "pero el tipo dueño de esta casa insiste en que conozca a todo el mundo."
"Ellos me agradan," dice su madre, "¡pero quieren hacerme conocer a todos sus amigos! De los amigos de Jack, hay uno que no soporto. Así es. Allen Ginsberg. Hay algo en ese hombre que no me gusta. Le tengo miedo. Una vez leí una carta que le envió a Jack en la que insultaba a un sacerdoto católico que lo había favorecido..."
"El le había dicho a unos monjes franciscanos," dice Jack, "que se sacaran la ropa. En Italia, en un predio fuera del monasterio, en Assisi."
"Eso me hizo enojar," dice ella, "y además mi esposo tampoco lo soportaba. Cuando mi esposo murió..."
"Es uno de mis mejores amigos," interrumpe Jack. "A ella tampoco le agrada mi novia."
"... y mi esposo antes de morir," continúa ella, "me hizo prometerle que nunca... que tratara de mantener a Allen Ginsberg fuera de la casa. Era el único que no le gustaba."
"A ella le agrada Neal Cassady." dice Jack.
"Neal sí. Es un poco excéntrico, y le encanta apostar a los caballos, creo que eso es lo que lo hace tan nervioso." dice ella. "Solía venir a nuestra casa en Richmond Hill, y no podía quedarse quieto un segundo en la silla. Saltaba de un lado a otrro, siempre activo. No conozco a su esposa, ni a sus hijos, pero me dijeron que son muy amables."
La madre de Jack de repente se levanta y rápidamente sale de la habitación.
"Hace dos o tres dias recibí carta de Henry Miller." dice Jack. "¿Sabés lo que dice?" pregunta, y se da vuelta para tomar una hoja de su escritorio.
'Querido Jack: estás mejor de todas tus enfermedades, ¡reíte! Así decía el maestro Rabelais. Northport suena aún más remoto que Big Sur...', Jack agrega "¡No es verdad!" y después sigue leyendo: 'Pero no importa en donde estés ahora, estarás igual de apestado. No me preocupo por vos. Sos fuerte, alegre, gay y suicida de un modo saludable. ¡Adelante! Un dia simplemente renunciaré, probablemente con una lapicera en la mano. Todo lo mejor. Henry.' (2)
"Este es El Pueblo y la Ciudad" dice.
"Es el primero que apareció. Leé lo que dice acá. Esto lo dice todo." Abre el libro y muestra la dedicatoria:
'A mi querida madre, Gabe...'
"Es por Gabrielle," dice ella, "es mi nombre."
'...de tu amado hijo, tu humilde hijo. Ninguna madre pudo haberle dado a su hijo más apoyo en los años duros, sin el cual no se podría haber escrito este libro. Y ninguna madre en el mundo fue nunca tan inteligente, tan buena, tan querida y tan dulce como vos. Espero que este libro ayude a recompensarte al menos por una vida de humilde trabajo y devoción, y alegre tu corazón y el de Pa, lo que hará que se alegre el mío. Todo mi amor, Jean.'
"Ese es mi verdadero nombre" dice Jack.
"¿No es lindo?" pregunta su madre, yéndose de la habitacion y volviendo segundos después con otro libro. "Aquí hay uno divertido, Los Vagabundos del Dharma. Mirá esto", dice, y nuevamente muestra la dedicatoria:
'Para Ma, Timmy y Tike...'
"Ahhh..." dice Jack. "Timmy se murió. Lo atropellaron."
"Era el gato" dice su madre.
'.... la tercer aventura para pagar la casa, la comida del gato, el brandy y el sueño pacífico. Del Vagabundo del Dharma, Jean. Mami, vos estás en las páginas 1, 32, 133 y 145.'
"¿No es dulce? "pregunta ella, riéndose, y él se ríe también. Después, se va a buscar otro libro, también con tapas de cuero.
"Aquí hay otro. En el Camino. Este es lindo."
"Es una edición limitada, especial," dice él. "Sólo hacen uno."
"Y me lo dio a mí." dice ella, y muestra la dedicatoria.
'Para Ma, este libro, que te conseguirá la pequeña casa que siempre quisiste, donde encontrarás...'
"Es esta casa, " dice Jack con una mueca, "La pagué en efectivo. Les di 7 mil, y seis meses después, otros 7 mil. No incluía los muebles..."
"Oh, no, van a venir a llevárselos." dice su madre.
'... que te dará completa paz y felicidad por primera vez en tu larga y hacendosa vida. De Ti Jean, tu hijo, el autor. Jack Kerouac, 14 de Enero de 1958.'
"Ya ves, los tengo todos." dice ella. "Ahora sólo me falta leerlos."
"Te falta Los Subterráneos." dice Jack, y una vez que su madre se ha ido a preparar los sandwiches, agrega: "Vos sabés, Los Subterráneos trata sobre una aventura con una chica negra."
Se recuesta hacia atrás con su lata de cerveza, la número cuatro o cinco. "Puedo controlarlo," dice. "Siempre digo que Li Po y todos esos tipos, también bebían. Li Po, ¿sabés?, el poeta chino. ¡No es Edgar Allan, eh!
Recuerdo que James Wechsler decía 'No creo en la paz'. Claro, es un político. Allen Ginsberg decía 'Odiaría ser poeta en un país donde Wechsler fuera el Comisario de la Poesía.' No me interesa la política, me interesa Li Po. Tenía todo el tipo de un vagabundo del dharma, ¿sabés? un poeta pobre, vagando por China. Tengo cosas escritas de cuando tenía 18 años que son budismo puro. Ahora tengo 37. Mi cumpleaños es el 12 de Marzo. Siempre fui budista. Cuando era un niño, me encerraba en el baño cada vez que venían visitas. Una vez no podían abrir la puerta, me quedé encerrado. Pero toda esa basura hipster es sólo un peadacito de vida alocada... ¿sabés a que se parece? A El Ciudadano. ¿Te acordás del tipo de El Ciudadano que iba a todas partes, que lo fue a ver a Joseph Cotten al hospital? Ese soy yo. Después se va a visitar al editor judío, ¿te acordás? Everett Sloane. ¿Sabés cuando la vi? La vi el día de Pearl Harbor. Salí del cine y vi los titulares anunciando el bombardeo. Era un domingo a la noche..."
Las líneas de su rostro se ensombrecen, desaparece la bella imagen que una vez adornara las páginas de la revista Mademoiselle, y se tiñe con el reflejo de sus propias palabras.
"En la Segunda Guerra Mundial yo estaba en la Marina," dice. "Poco tiempo, seis meses. Me dieron de baja. Personalidad esquizoide." dice y se ríe. "Me dieron un rifle y me hacían marchar por el campo, giro a la derecha, giro a la izquierda, y yo dije '¡Ahhh! ¡No quiero hacer esto!', tiré el rifle, me fui a la biblioteca y me puse a leer. Les dije: 'No quiero disciplina y no voy a tener disciplina'. Así que me llevaron al hospital. Después entré a la Marina Mercante. Fue durante la guerra, pero no fui herido. Quiero decir que no nos dispararon ningún torpedo. Fue en 1940 cuando me fui a jugar fútbol a Columbia. Sólo jugué un año."
"En Columbia me quebré la pierna en el tercer partido del año. Quedé fuera todo el resto de la temporada, con muletas, sentado frente al fuego en Lion's Den, comiendo grandes bifes y helados con chocolate caliente, ¡fue grandioso! Y ahí fue cuando empecé a leer a Thomas Wolfe. Disfruté de la lectura, ¿sabés? Volví para la temporada de otoño del '41. Era estudiante de segundo año, y me estaba volviendo muy poético, cada vez más oscuro e introspectivo. Empaqué mis cosas y me fui a verlo a (el entrenador) Lou Little. El preguntó: '¿A dónde vas?'. Dije: 'Oh, la valija está vacía, voy a casa de mi madre a buscar algo de ropa.' Me fui con la valija llena.
"Así que yo era un gran poeta y quise irme a Virginia a ver la luna brillar. Me fui a Virginia." dice y vuelve a reírse. "Después, volví a trabajar en estaciones de servicio, en cualquier cosa, y me fui al mar, al Polo Norte, con la Marina Mercante. Volví en Octubre de 1942. Me llegó un telegrama de Lou Little que decía: 'Si querés tomar el toro por las astas, volvé al equipo.' Volví. Entrené una semana y apareció mi gran enemigo del equipo Army, Henry Mazur. Le dijo a Lou Little: '¡Dejame entrar, hombre! Voy a agarrarlo!'. El es el tipo en El Pueblo y la Ciudad que me saca de la ducha cuando yo era un niño. Jugaba en Lowell, también. El era profesional y yo novato. Lo decía en serio. En el partido contra Army, Lou Little no me puso en la formación, así que abandoné el equipo. Pero la razón por la que me fui es un poco más profunda. Un día estaba sentado en mi habitación y estaba nevando, ¿sabés?, la nieve caía, y era tiempo de salir, y revolcarse en la nieve. Y en la radio comenzó a sonar: '¡Ta ta ta taaaaannnnnnnnnn! ¡Beethoven! ta ta ta taaannnnnnn!' los primeros movimientos de la Quinta Sinfonía de Beethoven. Me dije: '¡Voy a ser un artista! No voy a ser un jugador de fútbol!' Esa noche falté al entrenamiento. Y nunca más volví a jugar al fútbol."
"Bueno, Ginsberg y yo, ahí estabamos. Y después está esa grandiosa figura de la que habíamos oído, esa grandiosa y diabólica figura de St. Louis, Bill Burroughs. Pensamos en él una y otra vez, ¡y es simplemente genial! Teníamos una banda de amigos en St. Louis, chicos ricos, intelectuales decadentes, del tipo fin de siecle, enfants terribles, ¡uf! ¿Allen y yo? Bueno, nosotros éramos poetas. Me gustaba la forma en que contaba largas historias sobre New Jersey. Tuve un amigo igual a Allen, Sebastian Sampas, que era igual a él, ¿sabés?, medio raro, del tipo latino, poético. En realidad siempre tuve un amigo latino poeta en alguna parte. ¿Latino? Bueno, quiero decir oscuro, oscuro, misterioso, ¿sabés? Sebastian murió en las playas de Anzio."
"Allen y yo comenzamos formando un círculo alrededor de Burroughs y los chicos de St. Louis, en realidad la cosa comenzó en St. Louis y Harvard. Sí, Burroughs fue a Harvard. Y Huncke es muy importante, ¿sabés?, debe ser casi tan importante como Neal. Es el narrador de historias más grande que jamás conocí. Un poco amargo, pero está mejor ahora. Allen y yo comenzamos entre criminales, pero nosotros no éramos criminales. Éramos estudiantes, yo era un hombre de mar y él estudiante. Analizamos sus personalidades por cuestiones poéticas, como hacía Villon. Nunca hicimos nada, Allen no sabía cómo hacer para sacarlos del departamento. También estaba esa pelirroja altísima, Vicky, que después sería la Liz Martin de El Pueblo y la Ciudad... Comienza siendo mi pequeña hermana y crece hasta convertirse en el gran demonio Vicky. Ese libro no está bien escrito, pero era una buena idea. La fascinación era hip, como decía Norman Mailer. Habíamos ido a la escuela, escuchado toda esa basura, y esto era una nueva filosofía. Y encontró su flor más bella en Neal, que tampoco era un criminal, ¿sabés?, era jesuita, solía cantar en el coro de la iglesia, los sacerdotes lloraban en su hombro... "
Entra la madre de Jack con una bandeja llena de sandwiches delgados, tostados, dispuestos en forma demasiado linda para comer, pero demasiado apetitosa para no hacerlo. Él le pide que traiga otra cerveza.
"Tuve dos esposas," dice, "Me casé primero a los 22 años, y luego a los 28. Cada matrimonio duró seis meses. Mi primer esposa era una chica rica de Michigan, pero no teníamos dinero, ni nada. Lo único que comíamos eran sandwiches de mayonesa. Le dije: 'Regresá a casa con tu familia, comé bien.' En ese entonces yo estaba escribiendo un ensayo sobre Yeats y algunas novelitas juveniles. Ella era amable, y la verdad es que la mandé a su casa porque iba a ser lo mejor para ella. Pero la segunda... ¡no me gustaba para nada! No le agradaban mis amigos, a ellos tampoco les gustaba ella. Era hermosa. Me casé con ella porque era hermosa. ¿Te contaron sobre Bill Cannastra? ¿El tipo que saltó del subte? Se trepó a una ventanilla del subte y dijo: 'Tomaremos una cerveza en Remo' Bueno, tenía un altillo. Cuando él se murió, mi esposa se mudó allí. Solía despertarme por la mañana y contemplar lo hermosa que era. Después nos íbamos a trabajar. Ella se volvió a casar, tiene mellizos. Siempre me manda a la policía porque no le paso dinero. Por eso me escapé a California..."
"Mi chica se llama Dody. Es viuda, es la que a mi madre no le gusta. Porque tiene el pelo largo, largo, y no se lo ata. Porque le gusta andar descalza. Porque es hindú, es 95 % hindú. Mi madre la llama la sauvage, la salvaje. Es pintora bohemia, ¿sabés?, y muy buena. La conocí hace poco. El resto de mis amigos también la conoce y les cae bien, la adoran. Allen la ama, todos la quieren."
Su madre trae otra lata de cerveza, él la abre.
"Allen... Allen decía que Huncke lo había dicho primero... pero Huncke no dijo Generación Beat, dijo sólo beat. De él sacamos la palabra. Para mí al principio quería decir ser pobre y dormir en el subte, como hacía Huncke, y aún así ser un iluminado, y tener brillantes ideas sobre el apocalipsis, y todo eso. Pero era bastante diferente."
"Después me fui a Lowell, Massachusetts, en 1954. Fui a la vieja iglesia donde tomé mi primera comunión. Me arrodillé, solo, totalmente solo en la iglesia, en completo silencio... y de repente me di cuenta: ¡beat significa beatitud! ¡beatífico! Me sentí beatificado en la iglesia, ¿sabés?"
"¿Qué significa hoy? Generación Beat... bueno, ayer en el diario salió un artículo. Decía que Johnny Jones, de Long Island, cerca de aquí, había ido a San Francisco para ser un beatnik. Se quedó allí un tiempo, escribía poemas, se juntaba con negros y músicos de jazz. Finalmente, se rindió, llamó a su madre desde larga distancia, llorando, se volvió a su casa y se afeitó la barba. Es tonto, eso no tiene nada que ver con los artistas serios que empezaron sólo con un poema, un libro. Esto es sólo una moda, como la Generación Perdida, es una moda generacional. En el Camino trata de cosas que sucedieron hace diez años, hoy se ha vuelto famoso, popular..."
Se levanta de la silla y entra en otra habitación casi sin muebles, con varias telas grandes, apoyadas contra la pared.
"Recién estoy empezando a aprender," dice, levantando un pincel. "Mi novia me está enseñando. Es muy buena pintora. Su marido fue un joven pintor famoso del Expresionismo Alemán. Ella tiene un desván lleno de pinturas, deben estar valuadas en miles de doláres..."
Se queda un rato así, mostrando sus telas, hablando de pintura, sorprendido de que alguien pueda elogiar sus pinturas.
"Ves," dice, volviendo al estudio, "Allen y Gregory, Gregory Corso, venían a medianoche y me decían (imita a Allen con un susurro excitado) 'Mirá, hicimos de todo, hicimos buena literatura. ¿Por qué no hacemos algo realmente grandioso, ¡así nos apoderaremos del mundo!' y Gregory decía: '¡Seré tu cómplice!', lo decían medio en broma, yo decía: 'Bueno....", pero en realidad quería ser Cervantes, solo a la luz de una vela. Y ellos preguntaban: '¿Qué vas a hacer si conquistás el mundo? ¿Qué vas a hacer con él? Toserá y no te dejará dormir en toda la noche', decían, citando El Aullido.
La verdad, quiero irme al campo y pasar largas temporadas, como un viejo japonés escritor de haikus. Una especie de Emiliy Dickinson hombre. No soporto la exposición pública, ¿sabés? Me gusta salir y drogarme los sábados a la noche con una banda de chicos y chicas, pero no me gusta lo oficial. A Allen y Gregory eso les encanta. Allen... ¡Allen es el hombre más dulce del mundo! ¡Y durante años pensé que era un demonio! No bebe mucho. Ha tomado muchas drogas, ¿sabés? El tipo se metió más drogas duras por los brazos que cualquiera que yo conozca, y no se hizo adicto. ¡Gran fuerza de voluntad! ¡Gran fuerza de voluntad! Experimentos. Yo también tomé. Pero soy alérgico, me la paso vomitando. Sí, tomé mucho, pero ahora no. Me gustaría ir a Tanger a verlo a Bill Burroughs. El diría: 'Bueno, muchacho, ¿qué tal si golpeamos el gong esta noche y conseguimos algo de opio?' O ir también a Ciudad de México, a verlo al viejo Bill Garver, él diría: 'Bien, te daré un pico de morfina'. Cuando tomo, vomito. Pero después de vomitar me tiro en la cama durante ocho horas, es buenísimo para mi cabeza. Hace bien para desechar la bilis del hígado. Burroughs era el viejo Bull Lee de En el Camino. Ninguno de la banda era mal tipo, salvo uno llamado Phil. Se lo conoció en 1945 como Mad Killer, mataba serenos, pero no nos dimos cuenta hasta después de que lo arrestaron. Tiempo después se ahorcó."
"Novela," dice él, golpeando sobre una pila, "novela," dice, golpeando otra, "novela," dice golpeando una tercera, y una cuarta. "Así es como las escribo, ¡mirá esto! Truman Capote decía que yo siempre tipeaba todo. Escribo la mitad a mano, en lápiz. Como Visiones de Cody, mi mejor libro, éste que está acá. Visiones de Cody. Todo en lápiz, aquí está. Los Vagabundos del Dharma." dice, y señala un rollo de papel. "Tiene cien pies de largo. Escribí En el Camino en otro rollo y así se lo di a Viking. Sin párrafos, a espacio simple, era todo un gran párrafo. Tuve que pasarlo a máquina para que pudieran publicarlo. ¡Se da cuenta la gente de lo angustiante que es ser original durante 300 páginas?" (3)
"Mirá, yo cambié mi estilo a partir de El pueblo y la Ciudad por Neal, Neal Cassady, por una carta de 4 mil dólares que me escribió. ¡Me escribió una carta de 4 mil dólares! Pero Allen la perdió, en ralidad la perdió Gerd Ster. Gerd Stern vivía en un lanchón en Sausalito, el perdió esa carta genial, era un trabajo literario impecable. Neal me contaba algo que había pasado en Denver con lujo de detalles, como Dostoievski, y ahí me di cuenta de que esa es la manera de narrar una historia, simplemente contándola. Eso lo aprendí de Neal. Asi que yo también empecé a contar las historias tal como habían ocurrido. Cuando contás historias te excitás, te entusiasmás, como probablemente le debe haber pasado a Homero. La espontaneidad está también en Shakespeare. Los editores decían que sus manuscritos eran impecables, quedaban como salían la primera vez, sin cambios, borrones, ni agregados. Algunos dicen que era tan buen escritor que las palabras fluían solas. Yo lo creo. Nadie puede probarlo, pero yo lo creo. Así que aprendí eso de Neal, escribí En el Camino, trata sobre Neal. Fue el prototipo para el Dean Moriarty de En el Camino. A Neal lo descubrió Denver Doll, el que fue el prototipo para el Denver Doll de En el Camino. Pero Malcolm Cowley me hizo sacarlo del libro, porque es abogado. Es el tipo que en verdad descubrió a Neal, ¿sabés? Neal era un pillo, como en las películas de Charlie Chaplin, él era así. ¡Sí! A los de Viking les dio miedo que Denver Doll fuera abogado. Una vez él fue a ver a un cliente suyo, un hindú borracho. Golpeó a la puerta y le abrió un chico de 15 años con una gran erección. Era Neal, estaba jugueteando con la sirvienta en el piso de arriba. Denver Doll preguntó: '¿Qué es esto?' (imita la voz como si tuviera un cigarro en la boca) 'Mi querido amigo, no te has lavado las orejas.' Se lo llevó a su casa, hizo que se lavara, lo mandó a la escuela. Hizo que leyera, le hizo leer Schopenhauer, ¿sabés? Le escribía largas cartas al tutor de Neal en la escuela reformatoria. Fue un tipo inteligente, perceptivo, al creer en Neal."
Afuera el sol está bajando, Jack se cambia de ropa, se pone una camisa y una campera. Baja, y su madre le pide que se ponga una corbata que le regaló.
"¿Viste?" dice ella, "te dije que tenía ropa nueva, la usa a veces." y sonríe de nuevo.
Se despide de ella, tiene una cita en New York, lo pasan a buscar. El autor de En el Camino no tiene auto.
"Voy a mudarme a Florida, ¿sabés?" dice, "más cerca de mi hermana. Quiero que mi madre esté cerca de alguien cuando yo no estoy en casa, cuando estoy viajando. Cuando estoy viajando. Cuando estoy en el camino. Como esta noche, me voy por el fin de semana y mi madre se queda sola en esta casa tan grande. Se asusta. No me gusta pensar que está sola acá en casa..."
Se ajusta la corbata que más tarde, al llegar a New York, se quitará en el baño de un bar.
"Neal me conoce mejor que nadie," dice. "Neal sabe bien quién soy yo realmente. Es como Dostoievski, es un demonio sexual como Dostoievski, escribe como Dostoievski. Yo saqué mi ritmo de Neal, mi forma de hablar. Escribí tres novelas y una obra sobre él, En el Camino, Visiones de Cody, Ángeles de Desolación y Generación Beat.
Neal y yo nos amamos profundamente."
1
Kerouac sacó la palabra “Northport” y la cambió por “Long Island”.
“Lord Sterling (su agente) y yo no quisimos mencionar Northport, en la grabación dije que había vivido allí alguna vez. Todavía vivo ahí, pero no quiero autos llenos de beatniks y hipsters zen paseando por el patio de mi casa. ¿Cómo esperás que trabaje así? ¿Tenés idea de la cantidad de gente que querría venir a visitarme? ¿Sabés que son miles y miles, en su mayoría adolescentes llenos de un insano deseo de ser grandes Dean Moriarty? Y otra clase de gente, incluso últimamente algunos amigos de Carl Solomon (amigo de Kerouac y Ginsberg a quien fue dedicado El Aullido) se interpusieron en mi camino, y ¿qué se puede esperar de ellos? Mi madre es anciana y necesita tranquilidad en casa. Bueno, vos me entendés.”
(Jack Kerouac a AGA, sin fecha)
2
“No pongas que leí a Miller toda mi vida, porque no es verdad. Sí leí a Louis Ferdinand Celine, de quien Miller sacó su estilo. De todas formas, nunca pude conseguir un ejemplar de los Trópicos. Creo que Miller es un gran hombre, pero Celine es un maestro, un gigante.”
(Jack Kerouac, 12 de enero de 1960)
3
Nota final:
“En cualquier caso, lo que Allen quiere que hagas es abandonar todo el proyecto, pero es demasiado tarde. Date cuenta de que hablando con Cassady, Ginsberg, Burroughs, conmigo, con Orlovsky y con Corso, estás tratando con grandes autores americanos, los más grandes desde los Trascendentalistas (Thoureau, Emerson, Whitman, Dickinson) y tu nombre se va a ir para arriba o para abajo junto con el nuestro. ¡Te vas a ir para arriba! Tenés que darte cuenta que lo que queremos decir con “bajo periodismo” es simplemente el error de agregarle detalles trágicos a los hechos sólo por sensacionalismo. Estos “toques de sensacionalismo” sólo son sensacionalistas hoy, no mañana, cuando la posteridad quiera saber cada detalle y hecho de esta triste vida nuestra de hoy. Sabés que yo, por ejemplo, como autor de Dr. Sax, no soy ningún payaso borrachín. Soy un hombre cuyo nivel será reconocido sólo cuando el polvo se asiente. Muchos críticos envidiosos nos odian, ¿sabés? Corso y Burroughs han produdico trabajos tremendamente buenos. Prestales una atención cariñosa cuando hables de ellos.
A Certain Party parece poner al pobre Allen bajo una luz idiota. Si tomó a una chica del cuello estoy seguro de que debe haber habido cierto encanto en el modo en que lo hizo, algo que ustedes no mencionan en absoluto. Lo muestran como un verdugo, ¿por qué? ¿Te pidió Wechsler que hicieras pedazos a la Generación Beat en tu artículo sólo porque lo llamé ´mierda´ en el Hunter College? ¿Fue por eso?
¿Estabas triste y arrepentido de verdad cuando entraste en la cocina de Allen y le pediste disculpas, o fue sólo tu modo de conseguir la entrevista? ¿Estás halagando a estos pujantes jóvenes artistas (incluyéndome a mí) sólo para hacerlos ver como tontos? Si es así, no vas a sacar demasiado. A decir verdad, te puedo hacer trizas de un momento a otro en mi columna Escapade. Pero creo que sos sincero y lo que decís acerca de las internas periodísticas es acertado. No lo sé. Todo esto ha sido un asunto triste, los chicos jóvenes de este país en vez de querer ser pilotos de avión están prestándole atención a Rimbaud y Shakespeare, esforzándose por contar historias…”
(Jack Kerouac, 12 de enero de 1960)
*Al Aronowitz. Traducción: Griselda García
Periodista profesional desde 1950, fundador y editor de The Blacklisted Journalist y ha conocido, entrevistado y/o escrito sobre algunas de las figuras más importantes de la cultura norteamericana, incluyendo a Bob Dylan, The Beatles, Mick Jagger, Brian Jones, Jimi Hendrix, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Neal Cassady, Michael McClure, Jerry Garcia, Phil Spector, Bobby Darin, Jane Fonda, Marilyn Monroe, Frank Sinatra, Brigitte Bardot, Elizabeth Taylor, Paul Newman, Barbra Streisand, William Carlos Williams, William Burroughs, Ernest Hemingway, Ray Charles, Miles Davis, Billie Holiday, Dizzy Gillespie, Louis Armstrong, Duke Ellington, Carole King, Gerry Goffin, David Bowie, Peter Townshend, The Band, Merle Haggard, Charlie Pride, Johnny Cash, Steve Allen, entre otros.
La mayoría de sus trabajos sobre estos artistas pueden consultarse en su página web www.bigmagic.com/pages/blackj/column22.html





0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada